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Esa mirada

Esta foto me ha acompañado siempre como un rosario de espinas. Soy ciudadano occidental y viajo por el mundo como el que visita un zoo. Disparo con la cámara sin ningún respeto, como es notorio, y robo almas sin pedir permiso. Ahora que el gran gorila berrea eso de America first! mirémonos muy dentro y preguntémonos si lo de Me first! no es un pecado original. Un etnocentrismo altamente reprobable.

Río Chao Phraya. Bangkok

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El sábado quedó claro: una torrencial lluvia, a hard rain, se lo llevó todo por delante. Los fracs, las condecoraciones, las altas costuras e imposturas. Todo. La canción protesta más rabiosa, la que denunciaba en un tono surrealista ya en 1962 todas las plagas que aún hoy siguen afligiendo a los hombres, interpretada ante un insólito auditorio por Patti Smith. Espectadores poderosos que representan lo que Dylan retrataba así en uno de los versos de la última estrofa de su canción: “And the executioner’s face is always well hidden”. Una canción que denunciaba la injusticia, el sufrimiento, la guerra, la contaminación, en un formato lírico de pregunta respuesta: Oh, Where have you been my blue eyed son, Oh, what did you see, my blue-eyed son, And what did you hear, my blue-eyed son?, Oh, what did you meet, my blue-eyed son?

Y esa espléndida estrofa final que comienza preguntando a su hijo de ojos azules: And what’ll you do now, my blue-eyed son? (Letra completa al final del post).

Preguntado en su momento por la relación entre la dura lluvia y la posible lluvia atómica por la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, que coincidió con el lanzamiento de la canción, respondió, ahí es nada, lo siguiente: “No, it’s not atomic rain, it’s just a hard rain. It isn’t the fallout rain. I mean some sort of end that’s just gotta happen … In the last verse, when I say, ‘the pellets of poison are flooding the waters,’ that means all the lies that people get told on their radios and in their newspapers.”

Patti Smith hizo el sábado pasado una interpretación estremecedora de A Hard Rain’s A-Gonna Fall en la ceremonia de entrega de los Premios Nobel. Asombroso cómo la artista lo llenaba todo con su voz madura y quebrada. Con aspecto tierno y frágil, con su pelo blanco sin teñir, y casi sin peinar; ella que fue la reina del punk en la ciudad del caos, del apocalipsis, de la furia, del NYC de los setenta. La que creó obras maravillosas y que inspiró a tantos y que tantos admiramos. Una mujer rompiéndose en directo, llorando, equivocándose con los poemas de su amigo Bob Dylan. Y no una vez, cuando se observa en el vídeo y se ve obligada a pedir disculpas; si se sigue con atención, en varias ocasiones. Ella, la reina del punk. Atorada, azorada, avergonzada, aterrada ante los monarcas suecos y su corte de la Fundación Nobel. Ella, la reina del punk, engullida como su amigo Bob por el establishment en su más rutilante versión.

Es un espectáculo irrepetible observar la impavidez con la que los asistentes a la entrega de premios escuchan algunas de las diatribas de Dylan contra el sistema, el sistema que todo lo devora y asimila. Las preguntas: “I’ve been out in front of a dozen dead oceans, I saw guns and sharp swords in the hands of young children, Heard one person starve, I heard many people laughin”. Y las respuestas: “Where the people are many and their hands are all empty… And the executioner’s face is always well hidden”. Muy duros versos en ese contexto.

Y él, el gran ausente, Robert Allen Zimmerman. El cantante folk más famoso del mundo, el que escribió los más bellos poemas para las más bellas canciones del siglo pasado. El autor glosado con admirable valentía por el académico de la Fundación Nobel, llamado Horace Engdahl. Que dio argumentos convincentes para los escépticos sobre el merecido reconocimiento a ese genio que es Bob Dylan. “Lírica viene de lira” nos recordó a todos.

Desde ayer he gozado con la interpretación de Patti Smith muchas veces. Una lágrima engorda hasta rebosar y caer por mi mejilla cada vez, un llanto por la humanidad entera. Porque A Hard Rain’s A-Gonna Fall…

A Hard Rain’s A-Gonna Fall (LP The Freewheelin’ Bob Dylan 1963)

Oh, where have you been, my blue-eyed son
And where have you been, my darling young one
I’ve stumbled on the side of twelve misty mountains
I’ve walked and I’ve crawled on six crooked highways
I’ve stepped in the middle of seven sad forests
I’ve been out in front of a dozen dead oceans
I’ve been ten thousand miles in the mouth of a graveyard
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, and it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

Oh, what did you see, my blue-eyed son
And what did you see, my darling young one
I saw a newborn baby with wild wolves all around it
I saw a highway of diamonds with nobody on it
I saw a black branch with blood that kept drippin’
I saw a room full of men with their hammers a-bleedin’
I saw a white ladder all covered with water
I saw ten thousand talkers whose tongues were all broken
I saw guns and sharp swords in the hands of young children
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

And what did you hear, my blue-eyed son?
And what did you hear, my darling young one?
I heard the sound of a thunder that roared out a warnin’
Heard the roar of a wave that could drown the whole world
Heard one hundred drummers whose hands were a-blazin’
Heard ten thousand whisperin’ and nobody listenin’
Heard one person starve, I heard many people laughin’
Heard the song of a poet who died in the gutter
Heard the sound of a clown who cried in the alley
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

Oh, what did you meet, my blue-eyed son?
Who did you meet, my darling young one?
I met a young child beside a dead pony
I met a white man who walked a black dog
I met a young woman whose body was burning
I met a young girl, she gave me a rainbow
I met one man who was wounded in love
I met another man who was wounded with hatred
And it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

And what’ll you do now, my blue-eyed son?
And what’ll you do now, my darling young one?
I’m a-goin’ back out ‘fore the rain starts a-fallin’
I’ll walk to the depths of the deepest black forest
Where the people are many and their hands are all empty
Where the pellets of poison are flooding their waters
Where the home in the valley meets the damp dirty prison
And the executioner’s face is always well hidden
Where hunger is ugly, where souls are forgotten
Where black is the color, where none is the number
And I’ll tell it and think it and speak it and breathe it
And reflect it from the mountain so all souls can see it
Then I’ll stand on the ocean until I start sinkin’
But I’ll know my song well before I start singin’
And it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

Memorable artículo de David Trueba en El País de hoy. “Oda” a los lectores de diarios en papel, especie en extinción por razones fisiológicas: nos vamos muriendo. Un placer intelectual y sensorial unido al concepto mismo de ser humano.
http://elpais.com/elpais/2016/03/24/opinion/1458834103_986123.html

 

Vivimos tiempos de tal complejidad que necesitan de nuestra ancestral habilidad para conciliar intereses contrapuestos. En tiempos de pobreza, orfandad social y menesterosidad galopante, en la España golfa de Quevedo, los pícaros tiraban de ingenio y eran por ello grandemente celebrados y admirados. A pesar de causar quebrantos sin cuento a sus paisanos, sus delitos elaborados con audacia y creatividad deleitaban, divertían y por tanto inspiraban fábulas, cuentos y obrillas de teatro.

De igual modo menestrales, palafreneros y marmitones, oficios de singular servilismo y paupérrimo prestigio, hubieron de unir a sus a menudo escasas habilidades profesionales y vocación, una enorme imaginación.

Valga toda la anterior introducción para llegar al meollo de la cuestión, que no es sino disertar sobre el suculento y nunca suficientemente bien ponderado bacalao al ajoarriero. Semejante monumento a la iconoclastia y oxímoron gastronómico por antonomasia, es además la mejor metáfora a mano sobre la situación política española.

¿Acaso hay mejor comparación que esa receta, producto de la necesidad más imperiosa y de la pobreza de recursos del solar patrio, con la acuciante necesidad de un pacto político que aúne los más diversos, incluso aparentemente opuestos ingredientes?

Veamos. El origen de la palabra bacalao (Gadus morhua) está en el euskera bakailao, que a su vez proviene del neerlandés bakeljauw. Los pescadores vascos surcaban el Atlántico Norte hacia Terranova y Gran Sol para capturar tan valiosa mercancía. Y su  desecación por salazón permitió alimentarse y obtener reservas de proteínas a generaciones enteras en toda Europa. Este ingenio culinario permitió a los intrépidos descubridores cruzar el océano Atlántico con alimento suficiente como para culminar con éxito su empresa.

Aguerridos arrantzales faenando en Terranova

Aguerridos arrantzales faenando en Gran Sol

Mucho más al sur, mozárabes y moriscos se esmeraban en producir ricos zumos de oliva a los que llamaban azzáyt, cuya etimología estaba en el arameo zaytā. Verde que te quiero verde.

Y en el recio interior navarro, riojano o castellano se afanaban en trastear con la miseria reinante trabajando la escasa materia prima con pícara invención. Hubo una vez un marmitón, hijo seguramente de un arriero y merecedor de la cuarta estrella Michelin, que tras desalar el bacalao decidió innovar y mezclar en una noble olla todo lo que tenía a mano en el hogar. Y todos los ingredientes que tenía a mano eran de una pobreza digna por separado, pero al unirlos en un mágico instante en la cazuela, alcanzaron la categoría de obra de los mismísimos dioses.

Y arribo por fin a dó quería llegar: a solicitar un monumento, una calle, ¡una placa! a esa majestuosa creación llamada “Bacalao al ajoarriero”. Estoy dispuesto si fuera menester a abrir una petición oficial de firmas en change.org y a movilizar a todas las redes sociales a mi alcance para alcanzar tan merecido objetivo.

Mi receta es un crisol de varias de las creaciones de los más renombrados cocineros vascos, todos ellos deudores de ese pícaro y acertado marmitón.

Se ha de utilizar por tradicional comodidad hispana un bacalao en lascas ya desalado. En una cazuela de barro se confita el bacalao en aceite de oliva extra virgen con varios dientes de ajo en láminas, a no más de cincuenta grados, quince minutos.

En una sartén bien engrasada con el mismo y carísimo aceite de oliva, pochar dos cebollas, dos pimientos verdes y dos dientes de ajo. En su momento, añadir una buena cantidad de salsa de tomate casera y la carne de los pimientos choriceros, y al gusto, unas rabiosas guindillas. Recomiendo para esto último utilizar uno de esos tarros con la carne de los pimientos choriceros ya extraída y ahorrarse el engorroso trabajo de hacerlo uno mismo.

Cuando el bacalao haya pilpileado y empapado el aromático y verde aceite, escurrirlo y en la misma cazuela mezclar con el sofrito anterior. Semejante alquimia de ingredientes marinos y terrestres, del norte y del sur, del frío Atlántico y del cálido Mediterráneo, es una de las cumbres de la cocina mundial.

Son tiempos de zozobra y de mudanza y han de aplicarse la creatividad y la imaginación también al pacto político. Ingredientes dispares, como se ha demostrado en este post, pueden dar un resultado espectacular. Así que animo a nuestros líderes políticos y a mis conciudadanos a estar a la altura de otras grandes ocasiones que vieron nuestros ancestros.

Pd: ayer vi The Revenant y está a la altura de las grandes ocasiones en las que una obra se lleva una multitud de estatuillas. Veremos.

Bacalao al ajoarriero

Bacalao al ajoarriero

El resplandor

Pasaba por aquí y he sentido todo el vértigo proustiano. La agridulce sensación de un niño que entró por esa puerta todos los días durante catorce años. Arquitectura imponente, ideada para apabullar y descalabrar a inocentes infantes. Finalmente el saldo fue positivo, loas para el que fue uno de los mejores colegios de España, con sus luces y sus zonas umbrías. El Pilar.
  

La ley de la gravedad

Otro domingo dialéctico, y van doce desde que estrenamos democracia en España.

Con mayor énfasis desde mediados del XIX, el enfrentamiento dialéctico entre conservadores y socialistas no ha cesado. Utopía frente a monolitismo, publico versus privado, redención y explotación, solidaridad y cumplimiento del presupuesto. Paz, pan y PIB.  

Hoy se dirimen en las urnas otra vez los viejos temas, los que nos acompañan y nos quitan el sueño travestidos en ideologías. Por mucho que algunos anuncien desde hace años el fin de los ideales que han alimentado el motor de la historia, hoy optamos una vez más entre dos concepciones opuestas del mundo. 

El pensamiento único desprecia al diferente con argumentos como su incapacidad para gestionar la sociedad como si se tratara de una compañía mercantil. Con los mismos criterios de máximizacion contable. Puro totalitarismo que pretende anular al contrario con el discurso del miedo.

Es bien cierto que hoy todos los partidos son socialdemócratas, porque los partidos conservadores respetan los avances firmemente arraigados tras el paso por el poder de los socialistas. Nadie discute la educación y la sanidad públicas, pero sí la calidad de las mismas. Los partidos conservadores, en España al menos, reducen la inversión en ambos pilares del Estado del bienestar primando alternativas de tipo privado. Disimuladamente afirman defender el modelo del Estado del bienestar, predicando por el otro la bondad del liberalismo darwiniano del sálvese quien pueda.

Algo similar ocurre con las leyes de tipo socialdemócrata de las que todo el mundo se beneficia, y que a ningún legislador conservador se le ocurriría derogar: matrimonio mismo sexo, divorcio exprés, dependencia, paridad, violencia de género, ley de plazos, carnet por puntos, prohibición fumar en lugares públicos, etc.

Quedan muchos temas por solucionar  en España que requerirán medidas quirúrgicas, tiempo y paciencia. Rémoras que nos asfixian desde hace siglos. 

Para ilustrar esta reflexión, en el día en que decidimos cuál de los dos caminos anteriores tomar, he elegido una foto que hice hace unos días en Toro.

La ley de la gravedad aplasta el mundo, lo deja reducido a una finísima línea de encinas en el horizonte. 

Son las últimas elecciones del miedo.
  

Sonata de Madrid

Llega otro invierno, cincuenta y cuatro ya, y sin embargo…

Debería puntear cada otoño, cada estación. Dotar de personalidad y nombrar a cada una de ellas, hasta hacerlas únicas. No son tantas estaciones las de una vida, cualquier estudiante mediocre sería capaz de recordarlas una a una.

Las estaciones se suceden sin dejar una huella perenne; se deforman y mezclan difuminándose en un inabarcable río del que no se ve la otra orilla. Un Amazonas ocre que se lo traga todo.

Este otoño de 2015 es especialmente ocre. Y acre también. La contaminación ha puesto un sombrero hongo a la ciudad. Quizá lo recuerde para siempre como un burlón Charlot caminando con sus raídos pantalones hacia el horizonte.

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