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Archive for 30 diciembre 2013

Tendemos los humanos a poner lacitos al tiempo, empaquetándolo en unidades de 365 giros de la tierra sobre sí misma y uno alrededor del sol (en realidad 365 más 6 horas). Finaliza el duro invierno y se adivinan días más largos y futuras cosechas; celebramos que comienza un nuevo viaje alrededor del sol. Las negras sombras que nos han apesadumbrado seguirán ahí mañana y las alegrías que nos han mantenido vivos en ese periplo, también. Pero nos gusta soñar, como a los niños cuando cierran sus ojitos despiertos, que mañana el monstruo habrá desaparecido y no acechará más bajo nuestra cuna.

El año 2013 es muchas cosas. Es un año más en la mochila ya bien cargada. Nos ha dejado algunas heridas en el corazón, junto a la colección de cicatrices aún frescas. Es el preludio del año 2014 en el que en Europa recordaremos con espanto el inicio de la primera Gran Guerra. Para pasmo de la humanidad, la Europa capaz de lo mejor y de lo peor, la cuna de la civilización occidental, dedicó la vida de millones de sus hijos a la más repugnante de las artes: la guerra.

2013 ha sido el año en el que los europeos hemos vuelto a aprender una lección que jamás debimos olvidar. A saber: en Europa manda Alemania. Nos han tratado a los países del sur (los que después de sentar las bases de la cultura mediterránea creyeron que el hedonismo y el epicureísmo eran para siempre) como irresponsables vividores y malos pagadores. Como alumnos díscolos que merecen sufrir las inclemencias de la pobreza, haciéndonos sentir culpables y merecedores de ello. Y es que conocen bien nuestro talón de Aquiles (esa parte de nuestro cuerpo que no fue sumergida en el río Estigia) que es nuestra vulnerable alma católica, pecadora y culpable desde el pecado original hasta la muerte.

En el plano personal intento no separar con lacitos las excursiones anuales alrededor del sol. Procuro ver la vida como un río heracliano en el que estoy sumergido cada dos por tres. Sólo por las noches o en periodos de meditación y ausencia, salgo del río y observo sus aguas. A veces bajan turbulentas, otras son un remanso puro y cristalino en el que apetece hundirse para siempre. Sus cálidas aguas acarician entonces mi cuerpo por dentro y por fuera.

El río otras veces ruge cabreado como si fuera el Atlántico a la altura del faro de Corrubedo. Y entonces acojona. Mas no hay más remedio que tirarse de cabeza e intentar bracear hacia la luz buscando el momento en el que el río se transforme de nuevo.

La vida es un largo río travieso e impredecible. Es el mismo para todos los seres humanos que poblamos la tierra, aunque ni todos sabemos nadar igual, ni todos tenemos la misma embarcación para surcarlo.

Así que ¡abróchense los cinturones que vamos a dar una vuelta más al sol!

¡Feliz año 2014!

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Cuando llegó la carta de la compañía del gas anunciando que les cortaban el suministro, Emmanuel procuró ocultarla en el cajón más profundo de la casa. Llegaron de Camerún en el año 2006 y habían pasado por peores trances. Del andamio y del sueldo relativamente jugoso de peón de albañil, a la cola del paro; y de allí a varios periodos de chapuzas hasta acabar recorriendo la ciudad en el estribo del camión de la basura.

Christine se ocupaba merveilleusement de la casa en la que vivían alquilados desde su llegada, y de sus dos hijos nacidos en Palafrugell. “Le paradis sur terre”, así llamaban entre ellos aquella pequeña localidad costera de la provincia de Gerona. Vivían en un pequeño piso en un bloque de viviendas sociales donde habían hecho amigos de múltiples nacionalidades. Los dos pequeños eran las estrellas del equipo de fútbol. Samuel (por Eto’o) y Eric (por Cantona) eran admirados además porque hablaban tres idiomas como si nada. Emmanuel y Christine eran la pareja estrella de la comunidad porque eran bellos, buenos y formaban una familia adorable.

Emmanuel se quitó el mono de basurero que apestaba, aunque no demasiado comparado con el tufo que se adhería a su rizado pelo en verano. Tufo es un eufemismo para un hedor que resultaría insoportable para cualquier otro ciudadano de la villa costera. La recogida de los contenedores de los restaurantes del paseo marítimo, rebosantes de cáscaras de marisco y restos de pescado, resultaba traumática.

Emmanuel y su mujer venían de Douala, ciudad costera camerunense, lugar donde también había nacido Samuel Eto’o. Emmanuel de hecho presumía de haberle conocido cuando eran niños. Palafrugell tenía un clima al que se habían adaptado perfectamente, y hasta entonces la calefacción hacía que los inviernos fueran mucho más confortables que los de Douala. La carta venía avisando del corte del suministro a dos días vista, porque Emmanuel llevaba sin pagar cuatro meses, desde el ERE y el ajuste de plantilla en la contrata de basuras. Desde entonces no le llegaba para los gastos de una familia de inmigrantes. Christine encontraba intermitentemente trabajos de limpieza en casas de alquiler veraniego; y en temporada baja colaborando con los servicios sociales en ayuda a dependientes.

Emmanuel se propuso solucionarlo en dos días, y así su familia ni se enteraría, antes de que llegara la Nochebuena el próximo miércoles. Se duchó y se metió en la cama donde la bella Christine reposaba, intentando no perturbar su sueño. Fue inútil, se removió inquieta y se agarró a su marido como una pantera. Hicieron el amor y ambos cayeron presas de Morfeo.

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Amaneció como amanece en el Mediterráneo cantado por Serrat. Una mañana clara y azulada en la que mirando al mar, a lo lejos, el Olimpo y sus figuras mitológicas, centauros semidioses, toros como montañas, peces más grandes que ballenas y gráciles como exocétidos, rodeaban las embarcaciones de los pescadores que se echaban a la mar.

Emmanuel salió a la calle a las once en punto tras descansar unas horas. Iba caminando con la cara dirigida al sol y sonriendo, disfrutando a pesar de todo de las cosas buenas que poseía. Súbitamente se encontró en el suelo tras tropezar con un hombre que venía corriendo hacia él. Pudo oler el aliento alcohólico en su boca y darse cuenta del peligro a primera vista. Se levantaron y aquel tipo le dio un empellón mientras vociferaba en la cara de Emmanuel, “eres un negro de mierda y te mereces una paliza por ser tan estúpido”. Emmanuel apenas pudo oír esas palabras porque otro skinhead que venía por detrás le abrió la cabeza con un machete. El otro le remató clavándole una navaja hasta el puño.

La voz en la radio de la terraza del bar relataba con monotonía: “la ministra ha afirmado que el informe de la OCDE hace una valoración muy positiva de la reforma laboral y lo define como un buen paso porque ha ayudado a dinamizar el mercado de trabajo, a reducir la dualidad laboral y a fomentar, incentivar y mejorar la competitividad del país”.

¡Feliz Navidad y un increíblemente próspero 2016 para todos mis queridos amigos!

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Viernes 13

Los viernes que como hoy nacen numerados con el fatídico 13 llevan en la frente la mácula de la maldad. Cuentan que un viernes 13 de 1307, por orden de Felipe IV de Francia, un grupo de Caballeros Templarios fue apresado y llevado ante la Santa Inquisición. Las acusaciones eran variopintas: orgías homosexuales, orinarse y escupir en la cruz y herejía. Fueron condenados a la hoguera y asesinados sin miramientos.

Otras explicaciones apuntan a su poder económico y a las deudas que con ellos tenía el rey. Es lo mismo, la historia siempre ha envuelto en mentiras sus motivaciones, generalmente económicas, tal como Hegel y Marx dejaron bien claro hace siglo y medio.

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Collafobia o friggaatriscaidecafobia se llama esta curiosa superstición que apuntala la mala fama de este maltrecho número desde los orígenes de la estupidez humana: la última cena de Jesucristo donde fueron 13, el capítulo 13 del Apocalipsis es el del anticristo y en el Tarot es el número de la muerte.

“El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, le dijo Rick a Ilsa en Casablanca. Y yo hoy digo lo mismo. Todo se derrumba de nuevo, cualquier seguridad ha pasado a mejor vida. Las brillantes pantallas de los observadores de los mercados, como en los juegos de póker online, marcan la velocidad y los grados de pendiente de los abismos hacia los que nos deslizamos sin freno ni control. Moody, Standard y Poors van al volante y les da igual el tamaño de la hostia que nos peguemos, llevan un airbag forrado de billetes que les permite estar siempre al volante en la próxima vuelta.

Los almendros pelados del invierno simbolizan con su pornográfica desnudez la ausencia de primavera en este mundo sin esperanza. Todas las certidumbres de mi niñez se han transformado en una cámara oscura y dentro de ella manos desconocidas me palpan por dentro. Siento sus dedos hurgando los ventrículos y aurículas de mi corazón.

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