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Archive for 18 octubre 2013

España es una empresa con 47 millones de empleados. Imaginadlo. Tiene su headquarter en Madrid y el consejo de administración se reúne los viernes. Dicho consejo es renovado cada cuatro años. La presidencia y las diferentes direcciones generales están por supuesto en Madrid, y en su peculiar forma societaria los 47 millones de trabajadores tienen derecho cada cuatro años a opinar y a votar en consecuencia sobre la gestión de la empresa.

Esta gran compañía tiene delegaciones por toda España, exactamente 17, a cuyo frente están sus correspondientes directores generales territoriales que responden ante el consejo de administración.

En los último tiempos han surgido importantes discrepancias entre el headquarter y las diferentes direcciones territoriales. Las que mejor performance tienen exigen en base a ello que se les otorguen más fondos de la caja común para invertir en sus necesidades de I+D, remuneración y formación de sus empleados, e infraestructuras logísticas e industriales. Es cuestión vital para mantenerse en el liderazgo, dicen. Además protestan porque son los que más ingresos generan para la caja general de la gran empresa y a cambio reciben menos que otras direcciones territoriales que no venden nada.

Por otra parte las territoriales históricamente más débiles se quejan porque debido a la pertinaz escasez inversora de la dirección central en su zona, tienen más razones para exigir una parte mayor de los fondos generales.

El sueño de la razón produce monstruos. Francisco de Goya

El sueño de la razón produce monstruos. Francisco de Goya

La situación es preocupante porque una de las direcciones territoriales más productivas con todo su equipo al frente amenaza con un Spin-off y montar su propio proyecto empresarial. Hay una gran disputa entre la dirección general del headquarter y dicha territorial, ambas enrocadas en posiciones irreconciliables. La dirección central se aferra a los estatutos de la sociedad en los que se deja bien clara la imposibilidad de iniciar aventuras por miembros de las direcciones generales territoriales. La dirección territorial díscola afirma que se pueden modificar los estatutos llegando a un acuerdo y preguntando a todos los trabajadores de su zona geográfica si se sienten con fuerzas para la aventura empresarial en solitario.

Hay también un gran debate sobre la viabilidad del Spin-off: la dirección central afirma que la aventura empresarial no tiene ningún futuro fuera de la sociedad común. Además afirma que la dirección territorial perdería sus derechos a los beneficios de pertenecer a agrupaciones empresariales transnacionales ya que según sus estatutos sería automáticamente expulsada del selecto club. La dirección territorial sin embargo no tiene dudas sobre su musculatura financiera, exportadora e industrial para afrontar su aventura empresarial en solitario. Ni de que volvería a ser aceptada sin problemas en el selecto club.

Para complicar aún más las cosas, los dos equipos gestores utilizan argumentos emocionales engañosos y banderas apolilladas para exacerbar los ánimos de sus respectivas parroquias.

Mientras, los trabajadores de la empresa (47 millones), observan con curiosidad morbosa la escasa habilidad de las direcciones generales, nacional y territorial, y de su presidente, con la creciente sospecha de que tienen una panda de inútiles como gestores.

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Gravity

Gravity es una gran película que se desarrolla en un único entorno: el espacio estelar. El silencio y la oscuridad de la sala de cine ayudan a que el espectador se sienta casi flotando en el éter con los protagonistas. Alfonso Cuarón trabaja con un magnífico guión escrito con su hijo Jonás, y dirige una película formalmente brillante. El 3D está más justificado que nunca en un film ambientado en el absoluto vacío interestelar, con un ambiente de gravedad cero, en el que todo flota sin control. Los efectos especiales son magníficos, aunque este valor ya no sea diferencial porque últimamente todas las producciones incluyen sofisticados FX producto del progresivo abaratamiento del software utilizado.

La música es parte esencial en el clímax que comienza desde el principio, a todo volumen para que con un corte a un silencio absoluto te encuentres sintiendo casi lo mismo que Sandra Bullock y George Clooney. Ninguno de los dos hace un papel memorable, ni falta que hace, porque los protagonistas de la película son el espacio y la falta de gravedad.

Tiene una tesis Cuarón que recorre la película de forma umbilical hasta llegar al final relacionada con el ser humano, la Tierra, el sentido de la vida y la supervivencia: sin la Tierra no hay nada. Una tesis de fondo ecologista que nos avisa de lo que nos espera si conseguimos destruir el Planeta Azul, algo en lo que parecemos empeñados. Cuarón se esfuerza en transmitir nuestra insignificancia con la constante presencia del planeta Tierra y la nada como fondo. Y la desgarradora necesidad de vivir que atesora todo ser humano. Maravilloso el plano final.

La única pega que se puede poner a esta película es que se queda corta en alcanzar el objetivo grandioso que seguro perseguía su director, dejando un sentimiento de insatisfacción, un poso de amargo tanino que no te abandona al salir del cine. Podría y debería haber sido mucho más grande. No os la perdáis.

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