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Archive for 28 septiembre 2013

Compré este LP tras la ferviente recomendación de mi amigo Jay, hijo de un oficial del ejército norteamericano que vivía en El Soto. Como su padre tenía un alto rango no vivían en El Encinar de los Reyes, alquilado por completo por el ejército USA a la familia Olazábal, y donde habían construido un microcosmos reproduciendo fielmente el suburbio de una ciudad norteamericana media. Las actuales urbanizaciones Los Brezos, Los Romeros, Las Retamas, etc, eran por aquel entonces las viviendas de los oficiales de Torrejón de Ardoz. Para los adolescentes que vivíamos al lado, en La Moraleja, era una delicia atravesar la barrera siempre abierta y ver los Buick, Pontiac y Fords, las pickups, el autobús escolar amarillo y los coches patrulla de la policía. Todo traído desde USA en aviones de carga, allí no se veía ni un sólo SEAT.

Los soldados de todas las razas y sus mujeres, y sobre todo sus hijas, eran un espectáculo en sí mismos. Hijas de América, adolescentes de una generación alimentada con cereales y con las primeras pizzas y hamburguesas, hijas de la era de la paz y del amor. Bellas y deseosas de estrechar lazos con sus vecinos españoles, adolescentes también deseosos de conocer la cultura americana y su amor por la libertad en todos lo sentidos. En verdad que colaboramos a estrechar lazos con la gran nación americana y vivimos grandes romances que eran efímeros, porque aquellas muchachas estaban de paso como sus padres.

El mítico bar Peyvi, cerrado hace años

El mítico bar Peyvi, cerrado hace años

La zona de ocio de aquel Encinar de los Reyes donde estaban el supermercado, el cine y aquella pizzería que vendía por slices de enorme tamaño, era el paraíso. Ocupaba el espacio donde ahora se alza el colegio Highlands de los Legionarios de Cristo. Y recuerdo especialmente una vez que el padre de Jay, aquel gigante general, nos llevó a la base de Torrejón. Nos tomamos unos perritos calientes cuyo recuerdo llevo incrustado en el cerebelo. Tenía además de ketchup y mostaza, una salsa tipo picalilly con pepinillo, cebolla y más cosas que no recuerdo que cubría enteramente aquel monumento a la excitación de las papilas linguales. Como es lógico no he vuelto a tomar un hot dog igual y eso que llevo buscándolo por todo el mundo más de treinta y cinco años.

Por último, recordar el bar que llamábamos “de los americanos” y que se llamaba en realidad Peyvi, original nombre que quería decir Petra y Vicente. Petra y Vicente regentaban el único enclave español en El Encinar de los Reyes, con muy poca dignidad todo sea dicho, porque lo único que ofrecían en su barra eran patatas fritas, ganchitos y otras bagatelas. En realidad era el único bar que había en toda la zona de La Moraleja, en los años setenta había hasta jabalís por sus calles (pocos, afortunadamente). Nos pasábamos allí las horas jugando a los asteroides y a space invaders, en esa casita de una planta abandonada que todavía se puede ver en la calle Camino del Cura, a la derecha, bajando hacia el centro comercial.

Como decía, compré el LP “Wish You Were Here” de Pink Floyd tras la recomendación de Jay. Mi amigo americano cantaba la canción que daba nombre al disco exactamente igual que David Gilmour.

Portada del álbum

Portada del álbum

La portada del álbum creada por Storm Thorgerson era una gran obra de diseño, con unas fotos surrealistas que nunca entendí hasta que apareció Wikipedia treinta y tantos años después. Los tipos que están ardiendo en la portada son dos empresarios estrechando sus manos y uno de ellos está en llamas, refleja el miedo a expresar nuestros sentimientos por un lado y por otro literalmente una frase utilizada en el mundillo discográfico, “Getting Burned”. O sea que te estafan más o menos. La foto se tomó en los estudios de la Warner en Los Angeles. Todo esto se puede leer aquí.

El álbum fue grabado en Abbey Road en el verano de 1975 y la mayoría de los temas los compusieron Roger Waters y David Gilmour, con alguna aportación de Richard Wright. El ingeniero de sonido fue Alan Parsons, quien poco tiempo después se haría millonario con sus propias obras. La mejor sin duda la primera, I Robot.

La contra, la funda interior y el LP

La contra, la funda interior y el LP

Todas las canciones son obras maestras, y siempre he creído que es el mejor LP del grupo. La mayor parte del disco se presentó el 5 de julio de 1975 (día de mi cumpleaños por cierto) en un festival en Knebworth y su lanzamiento fue en septiembre, hace ahora treinta y ocho años. Yo debí comprarlo en 1976 y desde entonces el inicio de la guitarra de David Gilmour en “Wish You Were Here” me lleva a los tiempos de The Royal Oaks, cual magdalena de Proust. En 2004 se habían vendido trece millones de copias.

Pink Floyd en esa época eran, David Gilmour (voz, guitarras acústicas), Roger Waters (bajo), Richard Wright (piano Steinway, sintetizadores) y Nick Mason (batería). Faltaba Syd Barrett, antiguo líder del grupo, y enfermo mental tras su prolongado abuso de las drogas psicoactivas lisérgicas. Cuentan que apareció en los estudios Abbey Road en una de las sesiones de grabación y sus compañeros no fueron capaces de reconocerle en un principio por lo obeso y cambiado que estaba. Según Storm Thorgerson: “Dos o tres personas lloraron. Estuvo por ahí y habló un poco, pero realmente no estaba allí”. La canción “Shine On You Crazy Diamond” estaba dedicada al antiguo amigo y guitarrista del grupo.

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Ayer pasé un momento angustioso mientras el avión tocaba tierra en Barajas. Recordé la paradoja o argumento de la dicotomía de Zenón de Elea, ese bendito griego que se dedicó con sus comeduras de coco a hacernos la vida imposible. Iba sentado en el asiento 7A y observaba por la ventana el motor izquierdo y la pista de aterrizaje en ese momento eterno en el que el avión nunca acaba de posarse. Imaginé que el espacio entre las ruedas y la pista era infinitamente divisible y así nunca se tocarían y que yo me quedaría sentado allí para siempre esperando en vano el bamboleo del aterrizaje. Se me erizaron los pelos de todo el cuerpo y me cagué en la madre de Zenón por pensar en esas gilipolleces y dejarlas para posteriores neuróticos como yo.  image

Según Zenón, si arrojas una piedra a ocho metros de un árbol, nunca llegará, porque tiene que recorrer antes la primera mitad de la distancia que lo separa de él, los primeros cuatro metros, luego los cuatro metros que le quedan, y para ello debe recorrer primero la mitad de esa distancia. Cuando esté a dos metros, tardará tiempo en recorrer el primer metro, y luego el primer medio metro restante, y luego el primer cuarto de metro. De esta manera, la piedra nunca llegará al árbol.

Al igual que en la paradoja de Aquiles y la tortuga, es cierto que el número de puntos recorridos (y tiempos invertidos en hacerlo, según el argumento de la paradoja) es infinito, pero su suma es finita y por tanto la piedra llegará al árbol. Dejó Zenón varias paradojas sobre el movimiento, como la de la flecha o la de Aquiles y la tortuga. Todas absurdas porque siglos más tarde con el cálculo infinitesimal se demostró que Aquiles llegaba antes, que la piedra golpeaba el árbol y que mi avión aterrizaba por fin en Barajas para que yo pudiera contaros esta chorrada que a partir de hoy se conocerá como la paradoja de Vueling.

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Sólo hay tres salidas para la situación creada en Catalunya, poco importa ya por quién:

La primera es una reforma constitucional radical con referéndum incluido para su aprobación. La reforma tiene que ser hacia una confederación a tumba abierta, un régimen parecido a la UE en cuanto a respeto de idiosincrasias, símbolos, peculiaridades, regímenes forales, legislaciones, selecciones de fútbol y lo que se tercie.

Yo estoy dispuesto a aceptarlo con alegría para que todos los catalanes, unionistas, nacionalistas e independentistas estén a gusto en ese marco de convivencia. Una federación a lo USA con sus enormes diferencias entre Estados (casi naciones) pero con un orgullo nacional común envidiable.

Propondría unirse a este Estado Confederado a Portugal, ganando así en PIB, en número de habitantes, en idiomas y en una nueva y amplia franja de salida al Atlántico. Se llamaría República de Iberia y sería rápidamente una potencia mundial con lazos en todos los países de influencia latina, en África y América. La historia se mueve, e la nave va, hemos visto cosas más prodigiosas en el pasado.

La segunda opción sería la aceptación de la celebración del referéndum y si ganaran los partidarios del sí, aceptar una separación con deportividad manteniendo unas relaciones como las que tienen los países de la Commonwealth con UK o España con sus ex colonias. El Barça podría jugar la liga española, los ciudadanos catalanes tendrían si lo desearan doble nacionalidad y se mantendrían unas excelentes relaciones comerciales por motivos obvios de reciprocidad. Si saliera un no, volveríamos a la primera propuesta, reforma constitucional, para hacer entre todos una nueva Constitución.

La tercera salida sería la de la fuerza: suspensión de la Autonomía de Catalunya y juicio sumarísimo a los políticos de un montón de partidos que han optado por el camino de la independencia. Nada deseable, ello llevaría a un escándalo internacional, al martirio de Catalunya y a que algunos justificaran el uso de la violencia para conseguir sus objetivos. Me quedo con la primera, y con la segunda si no, siempre que aún estemos a tiempo de conseguir que los catalanes estén interesados en permanecer en España. Por amor, jamás por la fuerza.

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El dilema sirio de Obama

“Le plus grand art: Rester soi-même.” Michel de Montaigne

Hay muchas maneras de afrontar una cuestión tan grave como apoyar o no el inicio de una guerra o de una acción militar de castigo. La principal variante de carácter moral es que con absoluta certeza morirán decenas, cientos o quizá miles de personas. A partir de esa premisa, ante la que muy pocos tienen la frialdad ciega de afirmar que esa futura aniquilación de vidas es tolerable, pocos argumentos buenos se pueden dar que legitimen el asesinato de seres humanos inocentes.

La guerra de Irak es un precedente tan reciente de un mayúsculo fracaso colectivo occidental, que parece mentira que haya políticos (habrá que recordar que se dedican profesionalmente a solucionar nuestros problemas) que prediquen la guerra como única solución. Porque aunque se trate de una acción de castigo quirúrgica y localizada, sus efectos se extenderán con ponzoña, más aún, por toda la zona. El odio hacia Occidente (hacia las personas occidentales, nosotros) y hacia toda su idiosincrasia, incluidas las distintas religiones cristianas, encontrará un nuevo foco de pus que florecerá en las madrasas atestadas de niños educados en el más absurdo fanatismo religioso. imageFuturos terroristas suicidas que previsiblemente nos devolverán con saña la agresión a Siria. Es el ojo por ojo bíblico, común a las tres religiones del Libro, lo que se está pidiendo a ambos lados de la trinchera. Hasta que no desaparezca de las escuelas la enseñanza del fanatismo religioso como vía de escape de la opresión y la pobreza, no veremos una salida a este problema multisecular.

Bachar el Asad es un personaje siniestro y un mal recuerdo del colonialismo capitalista del siglo pasado; en este caso del reparto entre las potencias vencedoras del antiguo Imperio Otomano (alineado con los vencidos) y de su reformulación en el actual Oriente Medio al terminar la Primera Guerra Mundial (según el pacto secreto firmado por Francia y Gran Bretaña en 1916 para repartirse el botín). Un país colonizado por Francia cuyas fronteras actuales surgieron de la partición tras la segunda gran guerra en dos nuevos estados: Siria y Líbano.

Tratado de Sykés-Picot, entre Inglaterra y Francia en 1916

Tratado de Sykés-Picot, entre Inglaterra y Francia en 1916

La independencia tuvo lugar en 1941 y desde 1963 el país es gobernado por el Partido de la Resurrección Socialista Árabe (Partido Baath). Hafez-Al-Asad, padre del actual dictador, llegó al poder tras un golpe de estado en 1970 y gobernó Siria durante treinta años. Hoy su hijo Bachar el Asad es el jefe de la minoría alauí, perseguida por los suníes y víctima preferente del terrorismo yihadista. Los alauíes son una escisión de los chiíes declarados apóstatas por una fetua que les persigue desde el siglo XVI. Es decir, el poliedro se complica enormemente si se mira desde el punto de vista local y no desde el simplismo con el que miramos muchas veces los occidentales desde un plácido sillón mientras manejamos el mando a distancia o leemos noticias en diagonal en la tableta o en el móvil. La religión y la economía una vez más aparecen como siniestras manos tras el guiñol de una guerra, y la tan denostada Alianza de Civilizaciones se muestra como la única solución. Educación y paz.

Siria cuenta con el apoyo tradicional de Rusia (armas, gas, puertos) y de Irán (misma secta chií, apoyo militar, intereses oleoductos), países que no son precisamente nuestros mejores amigos. Vladimir Putin es un energúmeno cuyos intereses de superpotencia unas veces le permiten aniquilar miles de vidas sin pestañear en un país, y al día siguiente proclamar su enérgica protesta cual damisela ofendida por la intolerable intromisión en la política interna en otro escenario diferente.

Obama and Wife

Obama and Wife

Barack Obama, príncipe de la paz y esperanza de millones de personas en todo el mundo, se ve atrapado en un diabólico dilema. La ejemplaridad de un castigo ante la insoportable realidad de una masacre cometida con gas sarín o la inacción que sin duda llevará a una guerra civil y a más crímenes contra la humanidad en Siria. Ambas opciones son muy malas. La inacción porque debilitaría la tradicional función de garante del orden de los Estados Unidos. La acción porque ayudaría a una oposición que tiene detrás al fanatismo y al terror yihadista. El precedente de la guerra de Irak ha paralizado no sólo a Obama sino también a los republicanos que incapaces de reconocer a estas alturas el enorme error que cometieron, azuzan al Presidente no ya para ejecutar una acción de castigo, sino para clonar la invasión completa del país. Pretenden lavar así su pecado y extenderlo a otra presidencia para que la historia haga un tótum revolútum y sea benévolo con el infausto George W. Bush.

George W. Bush

George W. Bush

En este artículo de The New York Times el autor hace un análisis brillante de la situación política en Estados Unidos. Incluida la petición de autorización al Congreso maquiavélicamente desautorizada por los republicanos: ¿para qué el Commander in Chief tiene que pedir autorización al Congreso? De nuevo lavando el pecado de George W. Bush que no lo pidió, mintió a la ONU e inició una guerra que duró ocho años y en la que murieron 4.400 soldados norteamericanos, entre 600.000 y 1.200.000 iraquíes perdieron la vida y más de dos millones fueron desplazados.

Sadam Hussein era un dictador criminal, pero tenía controlado un avispero religioso (Irak era un Estado laico que controlaba con mano de hierro) que al reventar como era previsible tras la guerra, resultó letal para todos. Aún no han sido valoradas en toda su extensión las repercusiones en el futuro del disparate de aquella guerra ilegal. Si Obama decide atacar Siria, el mundo será un poco peor. Ya es una miseria un mundo en el que te desayunas un día con la noticia de que han muerto cientos de personas gaseadas. Pero que la respuesta de toda una civilización occidental sea una masacre, otra vez, nos habla de la impotencia del género humano para comportarse a la altura de los ideales que sin ir más lejos enseñamos a nuestros hijos en las escuelas. Vaya ejemplo miserable y qué mundo les estamos legando. El mismo que heredamos nosotros y el mismo que heredaba un chaval hace cinco siglos (bueno, bastante peor si naces en aquella parte del planeta).

El Papa católico que se opone con rotundidad a la intervención, más incluso que Juan Pablo II, ha enviado una carta al G20 pidiéndoles que reflexionen. Un valiente paso adelante de Francisco I en su declarada intención de recuperar el mensaje de Cristo. Será inútil, muchos de los mismos que en otros espinosos temas se declaran fervientes católicos, se lavarán las manos ante la aniquilación de miles de personas. Un clamor en el desierto.

Yo, que hace muchos años abandoné el catolicismo, me enrolo como mercenario en este barco pirata que capitanea Francisco I y subido a lo más alto del palo mayor grito: ¡No a la guerra!

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