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Archive for 28 marzo 2012

Fotos de National Geographic. These boots are made for walking.

These boots lay in the leather suitcase of 35-year-old toolmaker William Henry Allen. Like many third-class passengers, he did not survive.”

Fotos de National Geographic del Titanic, el “unsinkable” por excelencia. Se me ocurren muchas metáforas al respecto.

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A Brasileira

Escribo sentado en uno de los veladores de A Brasileira, 26 de marzo, ocho y media de la mañana. Mi pluma sin tinta recorre veloz la pantalla dejando pequeñas manchas negras. Letras, palabras, frases, pensamientos. Primeras horas de la mañana en Lisboa cuando el taxista que me ha traído hasta aquí me ha ido detallando las penurias por las que pasan. No chove, no travalho, no dinheiro, no clase media. La nada. Él mismo, me dice, ayer domingo empezó la jornada a las seis de la mañana y aparcó el taxi a las doce y media de la noche en su casa. Hablamos de política también, aquí han tenido su huelga general el día 22 de marzo, con poca participación, se queja. “Ustedes los españoles están más unidos y tienen más fuerza, ya verá cómo el día 29 la huelga será un éxito para los trabajadores”. Me pone como ejemplo una reivindicación de taxistas en España que fue realizada con un despelote de sus colegas. No lo recuerdo pero me río con él.

Mi ordenador apoyado en el velador del café es nuevo y estoy maravillado. Me lo dieron en la oficina la semana pasada, un HP mucho más pequeño y ligero que el anterior. Y además según los técnicos tiene un procesador último modelo Intel Core i3 que debe ser como un cerebro acojonante que hace que todo sea mucho mejor. Así debe ser si lo dicen ellos, aunque yo no noto nada extraño de momento.

Por casualidad he recalado aquí hoy con la muerte tan reciente de Antonio Tabucchi el traductor de Pessoa y creador de Pereira, uno de los más grandes personajes literarios que he tenido la fortuna de conocer. Junto a Pessoa, que era un personaje confundido con su propio autor, Bartleby, la criatura de Herman Melville, Seymour Glass hijo de Salinger o Martín Romaña, de Bryce Echenique, ayudaron a forjar mi personalidad y mi visión del mundo.

“Sostiene Pereira”, la novela de Tabucchi, debería ser de lectura obligada en cualquier bachillerato que pretenda formar verdaderos ciudadanos. Y para los que ya hace años que son bachilleres, de obligada lectura para reubicar la verdadera importancia de la honestidad, el valor, la decencia y muchas cosas más.

He preguntado dónde se sentaban Pessoa y Tabucchi habitualmente para tener una visión del mundo por un momento idéntica a la de ellos. Mirar lo que ellos miraron e intentar comprender cómo eran cuando sentados en este café sus plumas con tinta escribían las mejores páginas de la literatura universal.

Café y pastel de nata

De mi pluma que no derrama tinta sino pixeles a raudales no salen más que estas observaciones de un oficinista que, como Pessoa, mata aquí su tiempo antes de ir a una reunión en una de las aseguradoras más grandes de Portugal. Kafka, ahora que lo recuerdo, trabajó en Generali muchos años mientras escribía obras como El castillo o La metamorfosis, fruto ambas si lo piensas de la mente de un pasajero encerrado en un enorme transatlántico gris que navega sin rumbo por toda la eternidad.

Fernando Pessoa

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1. Instruirse y combatir la ignorancia.

2. Acortar las horas de trabajo.

3. Elevar los salarios.

4. Tener independencia y odiar la vileza.

5. Ser viril y destruir la tiranía.

6. Establecer la fraternidad y despreciar el egoísmo.

7. Conquistar derechos y abolir injusticias.

8. Humanizar el trabajo.

9. Llevar cariño y alegría al hogar.

10. Fundar un mundo mejor.

*Del artículo de Manuel Rivas publicado en El País.

Esta foto de un calendario parece que no tiene nada que ver, pero si lo piensas un poco...

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Dicen las leyendas nórdicas escritas con runas vikingas que no hay nada mejor que hacer el amor en el bosque totalmente desnudo y al amanecer. Teniendo en cuenta las condiciones climatológicas de los países escandinavos es de admirar que se pongan a ello, ellas y ellos, a no ser que haya alguna explicación científica. Como no soy experto en runas y hace poco he conocido a un gran cocinero sueco, doy por hecho que se debe a la alimentación característica de aquellas tierras heridas por cientos de fiordos.

La experiencia del chef Joakim Hvitfeldt Wallenberg, sueco de Estocolmo, en nuestro país es ya dilatada y acaba de dar el paso de crear su propio negocio en Sevilla, da la casualidad, con mi sobrino Gonzalo Román León y con otros tres socios, Carlos e Ignacio Valdenebro y Juan Manuel Ortega. Entre todos ellos suman los valores necesarios para que el proyecto tenga éxito: la capacidad de gestión de Gonzalo, Carlos, Ignacio y Juanma y las buenas relaciones que tienen en Sevilla y la maestría al mando de los fogones de Jocke. Se llama El Camerino y dará mucho que hablar.

Joakim Hvitfeldt Wallenberg con Sin derramamiento de tinta

Joakim Hvitfeldt Wallenberg con Sin derramamiento de tinta

Jocke, que es como llaman sus amigos a Joakim Hvitfeldt Wallenberg, es un pedazo de cocinero como la copa de un pino. Y hablando de pinos, impresionante cómo ahuma materias primas usando serrín de diferentes maderas. Probamos el Salmón Sueco “Gravad Lax” y el Magret de pato con manzana caramelizada y salsa de foie, ambos ahumados con un sabor especial, muy diferente del industrial al que estamos acostumbrados. En El Camerino tienen sus propias cajas de ahumar y se nota.

Pero empecemos por el principio que fueron exactamente unas Cruzcampo de aperitivo y unos Tío Pepe bien fríos. En la mesa nos sentábamos miembros de la familia Babío Román y de la familia Román León, bisnietos todos de Patricio Garvey, conde de Garvey, y los León además, por parte de madre, nietos y bisnietos de Juan Antonio León Barea, uno de los accionistas y consejeros vitalicios de la Cruzcampo hasta su venta a Guinnes. En pocas palabras: si algo nos queda de la tradición bodeguera es el gusto por la buena vida.

El Camerino

Gonzalo nos recomendó y se encargó de pedirnos un variado para que probáramos algunos de los platos más relevantes. Lo primero y espectacular la Ensaladilla de arenques al estilo sueco. Una delicada ensaladilla rusa potenciada con arenques y acompañada con unas regañás para untar de esas que sólo se encuentran en Andalucía. Vino a la vez una ración de croquetas de boletus (tuvimos que pedir dos más) con una bechamel que era pura crema de hongos del bosque. Detalles como los molletes de Antequera calentitos servidos dentro de bolsas de papel humeantes, son una gozada.

Ensaladilla de arenques al Estilo Sueco

 A continuación empezamos con los platos contundentes: un Steak Tartare hecho en la mesa al nivel del que hacía Hans en Horcher-Ascot (actual Aspen) y un Rabo de toro con puré de patatas y aceite de trufa cuya carne se desprendía del hueso con sólo mirarla. De los mejores platos de la noche la Brocheta de pescados, langostinos y vieiras con Cús-Cús y salsa verde, una sémola perfecta con todas las verduras y los pescados y mariscos en una cocción milimétrica. Una fruslería buenísima fueron unos Palitos de pollo crujientes con salsa de chile cuyo empanado estaba hecho con fritos o doritos machacados.

Arroz meloso con verduras y atún escabechado

Arroz meloso con verduras y atún escabechado

Probamos por recomendación de Gonzalo un vino tinto excepcional, Predicador, y acompañando un variado de postres clásicos, Fondant de chocolat con helado de crocanti, Tarta Tatin con helado de vainilla y un Tiramisú canónico, unos GT de Gin Mare con bayas de enebro perfectos para ayudar a reflexionar sobre la vida en general.

Creo que el equipo que forman Jocke, Gonzalo, Carlos, Ignacio y Juanma llegará muy lejos y entre otras cosas el local se les ha quedado pequeño desde el primer día, tal es el éxito que están teniendo.

El domingo repetimos porque la oferta de arroces que cambia cada semana es una excusa perfecta para volver. Un Arroz meloso con verduras y atún escabechado excepcional, suave, untuoso, en su punto perfecto y cocinado por un español que se llama Joakim Hvitfeldt Wallenberg, alias Jocke (pronunciar Yuque).

“El Camerino es ese lugar donde ocurren cosas, donde se intercambian risas y confesiones, donde cada uno es realmente quien es. Uno entra de una manera y sale de otra.”

Este es su lema, presente en todas las mesas y en la carta. Y aquí debajo podéis ver la ilustración, obra de Beltrán Román León, leit motiv de toda la decoración realizada por Laura Parias, la conocida interiorista sevillana.

Ilustración de Beltrán Román León para El Camerino

Ilustración de Beltrán Román León para El Camerino

El Camerino. Teléfono reservas: 954500022 c/ Dos de Mayo nº 34

SEVILLA

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Zara, Mango, Telefónica, Santander, BBVA, Acciona, Ferrovial, Gamesa, Repsol. Sí, pero no son suficientes. Empresas españolas punteras por primera vez en nuestra historia, en un país en el que la creatividad, la inventiva, la productividad y el trabajo enfocado a un proyecto de futuro han escaseado. Vivimos hoy unos tiempos agitados y corruptos, agrios, en los que la política interna es un desastre.

Nos enseñaron en el colegio cómo sobre esta tierra de forma caprichosa a lo largo de la historia se asentaron tribus de toda raza, cultura y condición. Cada una de estos grupos humanos se fueron invadiendo unos a otros sucesivamente, en general arrasando todo lo que habían creado los vencidos, ya fuera bueno, malo o regular. Los romanos machacaron a los iberos y los árabes a los romanos, los cristianos a los judíos y árabes y todos los unos a los otros por los siglos de los siglos.

Nos fuimos a hacer las Américas porque aquí en Europa no nos daban ni bola, esos europeos altivos que no hacían más que trabajar y producir nuevas industrias asombrosas. Además se convirtieron a una religión que no adoraba vírgenes ni santos, por considerarlos paganos, y se cargaron el sacramento de la confesión, el mejor de todos porque le cuentas todo a un cura y sales aliviado mentalmente y descargado de toda culpa. Esos protestantes tenían una ética del trabajo basada en su propia responsabilidad y orgullo y no en una constante vigilancia de un Dios omnipresente al que se dejaba al final la responsabilidad de todo mal. Europa nos mira con desdén, decían, porque somos una gran nación católica y envidian nuestra ancestral cultura de hidalgos cuya sangre proviene de las más rancias estirpes.

Toda la ira de nuestros antepasados cayó sobre las milenarias culturas precolombinas que probaron a la vez el sabor acre de la pólvora, el frío corte de las hojas de acero y las abrasadoras lenguas de fuego de la Santa Inquisición. Y toda la avaricia de una Castilla hambrienta. Los minerales preciosos que llegaron de América durante siglos sirvieron para pagar a los banqueros holandeses y alemanes, financieros de las guerras de nuestros reyes en sus disputas dinásticas y territoriales. Financiamos todo el crecimiento de la industria centroeuropea.

La decadencia de nuestro Imperio fue tal, que no es comparable con ninguna otra ocurrida en la historia. Ahora bien, no encontraréis a muchos españoles aún en nuestros días dispuestos a admitir hechos históricos como estos: el comportamiento absolutamente reprobable en la conquista y colonización de América y la posterior catástrofe, con consecuencias hasta hoy mismo, del Imperio más grande nunca conocido.

Mientras construíamos las ruinas de nuestra historia, el resto de Europa inventaba como una hormiga industriosa el capitalismo y su consecuencia: la Revolución Industrial que estalló en el siglo XIX. España por aquellos años fusilaba ilustrados, reponía monarcas absolutos y derogaba Constituciones liberales como la de 1812.

Demos un salto hasta nuestros días teniendo en cuenta que hasta 1975 toda nuestra historia se puede resumir en una constante tensión entre fuerzas de distinto signo. Opuestas hasta el punto de masacrarse los ciudadanos entre sí intentando imponerse unos a otros su visión del mundo, a balazos cuando se acababan las palabras.

Muerto en 1975 el último dictador de Europa Occidental, se abre una etapa inédita ¡¡en los últimos 500 años!! en la que el consenso se instala y se inicia una época dorada de prosperidad. Después de siglos de aislamiento los europeos nos admiten en su club económico, no sin claros intereses mercantiles como acceder a un mercado de 40 millones de nuevos consumidores y a un vergel de obra pública en el que había que construir de todo. Y de todo es de todo, hasta las aberraciones faraónicas de los 90 y 2000 en forma de museos, salas de conciertos y ciudades de las artes.

Llegamos a nuestros días en los que vivimos en la decepción, la desilusión y el desengaño. Si miramos hacia atrás veremos que lo que somos es lo que siempre hemos sido: unos mirones de Europa, unos europeos extramuros que apenas somos capaces de poner en pié una industria competitiva, unos ciudadanos instalados en el lamento y la autocompasión que, en lugar de reconocer nuestras limitaciones como nación, somos capaces de echar la culpa de todo lo que está pasando a las relaciones laborales que tenemos en España. Resulta inaudito afirmar que reduciendo o directamente eliminando derechos de los trabajadores, como yo mismo, este país va a cambiar y va a comenzar a crear empleo. Hay que estar ciegos para no entender que las tres veces que este país ha superado el 20% de paro ha sido en situaciones en las que nuestra industria inexistente ha estado basada en la construcción y en otros sectores subvencionados que desaparecieron cuando los europeos nos lo ordenaron por tratarse de  competencia desleal.

Tenemos cinco millones de parados de los que dos son trabajadores de la construcción y de sus industrias auxiliares. Mano de obra sin cualificar e imposible de reubicar sin una formación alternativa. El resto de desempleados son parte del paro estructural típico de España. Por supuesto los más débiles son las víctimas de la crisis financiera provocada por la especulación y la alegría crediticia hipotecaria, por la contracción del consumo y por la competencia de otras áreas geográficas emergentes y nuestra consecuente declinante situación como paraíso de oferta de mano de obra barata.

Por otra parte seguimos siendo un país que con algunas excepciones carece de emprendedores con el ingenio para la innovación y el amor por el riesgo típico de los países punteros.

Un poco largo para llegar hasta aquí, pero hay que explicarlo. El origen de nuestros males no está en los derechos de los trabajadores, está mucho más lejos, duerme en la oscura noche de Iberia.

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