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Archive for 28 febrero 2012

Ancladas en el pasado III

Ancladas en el pasado III (Puerto de Barbate, Cádiz)

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Ancladas en el pasado II

Ancladas en el pasado II (Puerto de Barbate, Cádiz)

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Ancladas en el pasado I

Ancladas en el pasado I (Puerto de Barbate, Cádiz)

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Una estocada hasta la bola

La Giralda de la calle Hartzenbusch sigue sirviendo los boquerones, calamares, coquinas, adobo y otras suculentas viandas andaluzas con una calidad digna de latitudes más meridionales. Constanza y yo quedamos allí a las 9 de la noche para cenar algo rápido antes del concierto de The Craiben Band con Constanza, Alfonso, Pilar, Rafa, Manolo y Edgar. Caen unas cañas y una botella de Tío Pepe; buenísimo el fino helado con unas frituras perfectas. Los calamares y los boquerones podrían ser de La Dorada, pero de la primera y original, la de la playa de la Carihuela. Calentamos espíritus y cuerpos que llegan fríos de las calles de un Madrid que aún sufre los rigores de un invierno anormalmente gélido.

Una como esta nos bebimos ayer antes del concierto de The Craiben Band

Tenemos una de las mejores mesas en Clamores, eso de ser amigo del jefe de la banda ha influido en que Germán, el propietario del local, nos coloque en primera fila. Clamores y La Giralda evocan en mi memoria noches pasadas, muchas, de esa época tan trillada de Madrid llamada La Movida. Estuve infinidad de veces en conciertos de jazz, la mayoría, y en algunos más poperos; siempre con un público alrededor muy entendido que no dudaba en ser más papista que el propio y se atrevía a pedir orejas y rabo o la retirada del morlaco como hacen los aficionados en el tendido del siete.

Lleno hasta la bandera, el respetable viene a apoyar a un buen amigo José Manuel Barrera y a su grupo, The Craiben Band. He de añadir que nunca he visto tan llena la sala Clamores. Germán no podía atender a las constantes e inútiles peticiones de mesa y los camareros corrían de acá para allá con las bandejas llenas de copas sirviendo a los sedientos clientes. Una noche en la que el vodka ruso pareció ganar la partida a los GT, al menos en nuestra mesa. Como siempre ocurre en los conciertos de José Manuel las mesas y la barra allá al fondo están ocupadas por gentes de la farándula más social-media-classic por lo que hubo más de un divertido reencuentro, antes, durante y sobre todo en la desenfrenada pista de baile en la que se transforma todo Clamores en cuanto comienza la primera versión de algún tema clásico de los 70 u 80.

The Craiben Band eligió esta vez para arrancar motores “Hey Tonight” de los Credence Clearwater Revival. A la tercera canción, “Rocking All Over The World”, esa explosiva canción de los Status Quo creada para bombear adrenalina a toda pastilla, el público de los tendidos bajó a pié de escenario. A partir de ese momento, las manos alzadas y las caderas cimbreantes fueron la tónica general entre el respetable. La experiencia de los cuatro músicos del grupo en los directos y su repertorio trabajado en ensayos minuciosos durante las últimas semanas se notan. La maestría en la plaza no es fruto de la improvisación sino del duro trabajo previo, muchas veces a la luz de la luna.

Cuarenta minutos de desenfreno después, José Manuel anunció una pausa tras la que llegaría el momento estelar de la noche: la presentación en primicia de tres de los temas que estarán incluidos en su primer disco, “Temas pendientes”. Momento serio donde los haya en el que el autor debe tomar la alternativa y enfrentarse a un público exigente y entendido por partes iguales. En otras palabras, y sin querer ofender, un público maduro.

“Hoy que la luna llena”

En la arena, José Manuel Barrera y su guitarra, Andrea Zsamek al violín y Borja Cortés con la percusión toman asiento mientras el público poco a poco va guardando silencio. Y muy poco a poco, que el autor tuvo que tomar cartas en el asunto y asestar un par de banderillas a los de la barra y después, cual picador que prepara al toro para el tercio de muleta, dar algún que otro cruel puyazo con la vara incluso al dueño del local (ver vídeo).

Comenzó la faena con la inolvidable desde ya mismo “Hoy que la luna llena”. En unos segundos los arreglos de guitarra y violín crearon un ambiente mágico que tornó la sala, que hasta hacía unos minutos era una pista de baile desenfrenado, en una íntima reunión al más puro estilo canalla-parisino. Felicitaciones al autor por la elección de Andrea Szamek, la violinista, que dio una lección sobre cómo el violín puede añadir insospechados matices a unas composiciones tipo folk intimista.

Tras una gran ovación y petición de la primera oreja de la noche, atacaron el segundo tema de los tres previstos, “Versos guardados”, como adelanto del próximo trabajo de Barrera. Tiene un no sé qué esta canción que te hace pensar que aún no la tiene del todo pulida José Manuel y que le falta algún arreglo para que quede perfecta. Así lo entendió el público que aplaudió con menos convicción pero que quedó atento al tercero de la noche que estaba a punto de ser interpretado en el escenario de Clamores.

Los primeros acordes de “Llueve” inundaron de melancolía toda la sala y cuando el violín comenzó a desvelar la melodía todos sentimos un estremecimiento. La canción fue subiendo de ritmo hasta que la guitarra, el violín y la percusión terminaron en un crescendo majestuoso. Atronadora ovación y petición de todos los apéndices posibles para los músicos. Clamores se vino abajo y puedo imaginar lo que José Manuel sentía en esos momentos tras confirmarse que su talento presagia el comienzo de una carrera musical con un presente brillante y un futuro lleno de éxitos. No puedo evitar decir que he compartido la autoría de esta canción. Creamos la letra, mi parte, y la música, José Manuel, en Comillas hace algo más de un mes durante un improvisado fin de semana en compañía de varios amigos. Una experiencia para mí nueva e inolvidable que ha tenido su guinda en la maravillosa interpretación del día 24 de febrero en Clamores.

Tras la presentación de los tres temas del futuro álbum “Temas pendientes”, The Craiben Band volvó a aparecer al completo y la fiesta continuó hasta completar más de treinta temas y acabar con los músicos agotados. Temas españoles como “Pongamos que hablo de Madrid” o “Por el bulevar de los sueños rotos”, de Sabina, alguno de Los Secretos, “Pero a tu lado”, que fueron muy jaleados por el respetable. Y un montón de clásicos: “Blue Suede Shoes”, “Twist and Shout”, “San Francisco Bay Blues”, “These boots are made for walking”, “Suspicious Mind”, “Norwegian Wood”. Una de las estrellas de la noche fue el Presidente Obama, aunque indirectamente. La versión que hicieron de “Sweet Home Chicago”, el clásico de Robert Johnson escrito en los años treinta del siglo pasado, una de las más coreadas, nos recordó su actuación en la Casa Blanca. Los bises se repitieron hasta el último tema que cerró el concierto: una improvisación de José Manuel de la canción “Teach your children” de Crosby, Stills and Nash.

Los afortunados que el viernes acompañamos a José Manuel Barrera en su toma de alternativa como autor ante el público asistimos a una faena impecable que culminó con una estocada hasta la bola. Tal como los grandes maestros saben que debe culminar una noche inolvidable.

The Craiben Band son: José Manuel Barrera (voz y guitarra), Pancho Cedrón (guitarra), Ricardo Alonso (bajo) y Borja Cortés (batería).

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Watching the Watchmen (2)

Playa de Oyambre, Comillas (Enero 2012)

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Watching the Watchmen (1)

Viña del Mar, Chile (Noviembre 2011)

 

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J. Edgar Hoover

Clint Eastwood destroza sin concesiones a J. Edgar Hoover (1 de enero de 1895 – 2 de mayo de 1972), uno de los personajes más controvertidos de la historia reciente de los Estados Unidos. Su sombra cubrió un larguísimo periodo del siglo XX y actuó en muchos de los acontecimientos clave entre los años 20 y los años 6o. Sirvió a siete Presidentes y traicionó o manipuló a los siete, intentando chantajearles con informes secretos sobre su vida privada obtenidos utilizando el dinero de los contribuyentes.

Los colores de la película son el gris y el gris azulado, ambos maravillosamente fotografiados con la ayuda de una puesta en escena repleta de fríos decorados: la burocracia y sus despachos son los protagonistas de la película. Y es un trabajo árduo; la historia salta de los años 30 a los 50 o a los 60 constantemente y todas las épocas están fidedignamente retratadas.

Hoover estuvo al frente del FBI durante 48 años. En su haber, la profesionalización de la oficina de investigación con medios nuevos como laboratorios o archivos centralizados. O la unificación a nivel federal de los criterios a la hora de tipificar delitos, como el secuestro del bebé de los Lindbergh, lo que facilitó su persecución.

J. Edgar Hoover (1 de enero de 1895 – 2 de mayo de 1972)

La estructura del guión de Dustin Lance Black está basada en el relato del propio Hoover de su historia al frente del FBI para su posterior hagiografía. Con largos y constantes flashbacks Hoover muestra sus principales hitos: la lucha contra los gánsters durante la prohibición, el caso Lindbergh, los problemas con los Kennedy, con Martin Luther King, la persecución de comunistas y anarquistas. Eastwood nos muestra las obsesiones de J. Edgar: el comunismo, el puritanismo y la moral, su madre, su racismo y antisemitismo y, en fin, su permanente terror ante la fantasmagórica idea de la destrucción de América programada por fuerzas oscuras.

Clint Eastwood abre una puerta a la sentimentalidad al contarnos la vida de Hoover compartida con su segundo en el FBI, Clyde Tolson. Una historia encerrada en una esfera privada con el más duro acero, pero que ha trascendido a los medios tras su muerte. Una bonita historia de amor entre dos hombres que compartían su pasión por el FBI. Esta pasión y la relación enfermiza de Hoover con su madre son las únicas concesiones de Clint Eastwood a la ternura en esta película: “Prefiero tener un hijo muerto a un hijo mariposón”, le espeta Annie Hoover (genial Judi Dench) a su hijo.

Leonardo DiCaprio

En cuanto a la interpretación, DiCaprio hace un papel desde dentro de su alma. Transmite todo el sufrimiento, la locura y las obsesiones presentes durante toda la vida de este personaje del siglo XX profundamente atormentado. El trabajo de los maquilladores es de los mejores que he visto en tareas de envejecimiento. DiCaprio parece realmente un anciano perverso de 70 años. No ocurre lo mismo con su amante Clyde Tolson, interpretado por Armie Hammer, que tiene la cara tan emplastada que apenas puede moverla. Estoy “enamorado” de Naomi Watts desde “21 gramos” (González Iñárritu, 2003) y aquí pasa un poco desapercibida. Eastwood quizás ha querido dejar claro el papel de perro fiel de la secretaria de Hoover, Helen Gandy, como una sombra invisible.

Flashbacks atrás, mezclados con la historia lineal, nos llevan hasta el final de la película en la que todo queda desvelado y aparece la verdadera dimensión moral e histórica de este personaje siniestro en la vida pública y tierno en su vida privada y oculta. Curiosamente la película no ha tenido ni una sóla nominación a los Oscar 2012, quizás la larga mano de Hoover está detrás de este injusto castigo. La Fundación J. Edgar Hoover ha expresado su enfado con esta película de Eastwood ya que afirma que “no hay base real para ese tipo de caracterización del señor Hoover. Proceder con ese tipo de caracterización, sobre la base de afirmaciones totalmente falaces e infundadas, sería una grave injusticia y una tergiversación monumental”.

Si J. Edgar Hoover levantara la cabeza volvería inmediatamente a enterrarla bien honda al comprobar que hoy todo el mundo conoce su más íntimo secreto: su homosexualidad reprimida.

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