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Archive for 21 septiembre 2011

Sin alma, sin rostro

He conocido dos noticias en las últimas semanas que han conseguido que se redujera un poco más mi fe en nuestra especie. Aún me queda una brizna que a este paso calculo no llegará hasta el final de mis días; circunstancia que haría que mi despedida de este mundo ocurriera mientras maldigo la entera historia de la humanidad, al menos hasta la conocida por mí.

La empresa farmaceútica Roche ha amenazado a un país entero, Grecia, con la retirada del crédito para los medicamentos más caros financiados por un Estado ahora quebrado. Son fármacos en su mayoría para el tratamiento del cáncer o antitumorales, es decir que salvan vidas, alivian el dolor de miles de enfermos y el padecimiento de sus familias. De paso su director general, un tal Severin Schwan (no olvidaré este nombre), amenaza con ampliar a España e Italia su cabronada, palabras que días después han matizado en la filial española, marcando nuestra diferencia con el país arruinado. Mi recuerdo de Roche está marcado en mi cerebro como las magdalenas de Proust, aquel recuerdo infantil de Marcel cuyo olor le transportaba “físicamente” hasta las meriendas de su infancia en casa de la tía Leoncia. Igualmente las gigantescas pastillas anaranjadas de Redoxón, el tubo con el logo de Roche, su sabor y sus burbujas que me encantaban, me recuerdan ser un niño al que ayudaban a curar o añadían vitamina C en su dieta. En fin, a partir de ahora cada vez que vea ese logo no dejaré de horrorizarme ante actitud tan inhumana, tanta que ni Dickens hubiera imaginado semejante maldad: ni Mr. Scrooge hubiera osado cometer tal villanía.

Ayer mismo aún no superada mi sorpresa por el comportamiento de los suizos de Roche, salta a los medios otra noticia semejante en cuanto a lo inhumano, diferente por su crueldad más refinada. Se trata del corte del fluido eléctrico en la ciudad de Albacete por la demora en el pago de las facturas. Iberdrola, fusión de las entrañables Iberduero e Hidroeléctrica Española de mi infancia, dejó sin luz el polideportivo y la biblioteca pública de la inocente capital manchega. Pacíficos ciudadanos empeñados en cultivar cuerpo y mente son víctimas de la decisión de una compañía que ha ganado a lo largo de su historia ingentes cantidades de dinero, legítimamente por supuesto, dando servicio a muchos españoles.

Los mercados sin rostro por lo que se ve tampoco tienen alma. Probablemente si el señor Fritz Hoffmann-La Roche, que fundó el laboratorio en 1896, levantara la cabeza despediría al villano Severin Schwan de inmediato, y la familia Oriol fundadora de Hidrola, hubiera hecho lo mismo con Ignacio Sánchez Galán o con el que haya sido responsable de tamaña infamia. El capital sin rostro ha traído estos desmanes.

Hemos tenido otro ejemplo esta semana que se ha solucionado de manera impecable por otra compañía española multinacional, líder mundial en su mercado: Inditex. No tengo ninguna duda de que Amancio Ortega está detrás de la decisión de que a partir de 2012 el negocio digital del Grupo tribute en España. Capitalismo éste con rostro y con alma, la de Amancio, al que deseo que sus Lares y Penates gallegos guarden con salud muchos años.

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La piel que habito

Ayer cumplimos con un tema pendiente: ver la última de Almodóvar, “La piel que habito” (ya es una costumbre, como la de ir a ver la última de Woody Allen). Me sorprendió y me gustó, por ese orden; resultó ser muy Almodóvar en todo. El Deseo ha alcanzado un nivel de calidad en la producción a la altura del mejor cine norteamericano o de otras industrias europeas: dirección, fotografía, localizaciones, estilismo.

Antonio Banderas elegante y sobrio, como nunca de bien, parece sufrir una ataraxia intensa. Logra despojarse de ese personaje juvenil, descarado y miembro de la movida madrileña que ha sido de por vida. Y Elena Anaya bellísima, interpretando un papel que se las trae por su complejidad como víctima de una historia terrible.

Al guión le sobra el pegote de la historia del hijo de Marisa Paredes, íntima de ¡Pedrooooooo! para la que su amigo del alma ha metido una morcilla de media hora que no aporta nada.

Muchas sorpresas, osadía, y giros inesperados. Y una historia escandalosa en el más puro estilo Almodóvar desde “Laberinto de pasiones”. En un principio pensé que se estrellaría metiéndose en un género (thriller/terror) muy alejado de la comedia de costumbres hispano-postmodernas; sin embargo hace un ejercicio de estilo brillante y fiel a su línea habitual. Muy recomendable.

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