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Archive for 4 diciembre 2010

México D.F.

“México lo aguanta todo, es un país botín, país saqueado, país burlado, doloroso, precioso país de gente maravillosa, que no ha encontrado su palabra, su rostro y su propio destino”.

No he encontrado mejor definición que esta de Carlos Fuentes para clavar lo que es México. El ritmo del taxi que me lleva desde el aeropuerto al centro de la ciudad, con una cadencia de frenazos y acelerones enloquecedora, me revela la primera realidad de la ciudad. El tejido urbano desde que sales de Benito Juárez hasta que llegas al centro se transforma en un fenómeno idéntico al de otras grandes ciudades, quizás aquí más bestial. Los arrabales que eran protagonistas en las películas de Luis Buñuel, y más recientemente en las de González Iñárritu, potencialmente letales para cualquiera que se adentre en ellos, se van dulcificando, limpiando, según recorres kilómetros y kilómetros. Enfilas el Paseo de la Reforma y sonríes tranquilo, home again. Torres gigantescas, malls, Sheraton’s, enormes sedes de bancos como el HSBC o BBVA Bancomer acogen al viajero solitario.

El lunes por la mañana soluciono temas de trabajo y llamo a mi primo Cristóbal Pera, cuatro años y medio ya en D.F. Planeamos comer juntos en algún restaurante y volver a cenar ese mismo día, en su casa, con su mujer Elizabeth Bobourg y mis sobrinos, Nicholas y Valerie.

La mañana en nuestras oficinas de D.F. me permite conocer las instalaciones y el equipo de México. El martes tengo que ir a Monterrey en viaje de ida y vuelta en el día, y hay que dejar todo cerrado. ¡Monterrey! Qué nombre tan mítico para alguien que se ha leído en su infancia todos los libros de El Coyote, el alias de don César de Echagüe, de José Mallorquí. Sesenta y dos novelas, más o menos, ambientadas en México y California que compensaban las aventuras malayas de Sandokan o los diferentes corsarios de Salgari.

Voy a recoger a Cristóbal a las oficinas de Random House Mondadori donde ejerce como director Editorial para Latinoamérica y USA. Nos sentamos en su despacho y me enseña un libro que está corrigiendo; son las últimas pruebas de imprenta del próximo libro de Gabo: Yo no vengo a decir un discurso (Literatura Mondadori, 2010). Juntos leemos unas páginas, me enseña pequeñas erratas y confirma otras correcciones que ha hecho su equipo, virgulillas y cosas así. La suerte me acompaña, estoy junto a Cristóbal mientras corrige nada menos que el próximo libro de García Márquez.

En el despacho de Cristóbal, en Random House Mondadori (México D.F.)

Bros Oyster Bar es donde decide Cristóbal que comamos, un local en Polanco con un encanto especial. Madera, cuero, luz ténue y aires de bar neoyorquino. Nos tomamos un reposadito (shot de tequila y shot de zumo de tomate bien aderezado y picante) y unas micheladas. Ceviche y pescado a la brasa (tipo lubina), todo de diez.

Reposadito en Bros Oyster Bar

El reencuentro con mi primo después de unos años sin vernos nos deja tras la comida con la sensación de que se nos han quedado muchos temas por hablar. Por la noche ceno en su casa y seguiremos platicando.

Vuelvo a recoger a Cristóbal a Random House y damos un paseo hasta Tori Tori para comprar la cena. El mejor japonés de la zona de Polanco, donde encargamos niguiri, makis, sashimi, rolls variados…  Llega Beth con los niños que, me cuenta Cristóbal, andan alborotados con mi visita. Son pequeños y prácticamente sólo han vivido en D.F., así que la familia española no es habitual en sus vidas. Aparece el tío Antonio y es como si llegara Santa Claus. Nicholas y Valerie me miran fijamente, su tiempo es otro, viven con intensidad y cada segundo cuenta. Me tiran de la mano, me preguntan por España, cada uno me quiere sólo para sí mismo. Una delicia de sobrinos y una experiencia sentirse tan bien recibido, tan lejos.

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