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Archive for 13 diciembre 2009

Buenos Aires (día 17.511)

Llego a Buenos Aires desde Santiago de Chile el miércoles 2 de diciembre a las siete de la tarde; con tres días por delante de reuniones, no sé si tendré mucho tiempo para conocer la ciudad. El hotel está en el centro (Diagonal con Sarmiento y Suipacha). Ducha, equipo básico y a cenar: móvil, tarjeta de crédito, pasaporte, mapa y una guía redactada por dos viejas amigas (mejor antiguas, no sea que se ofendan).

Me voy a la sección restaurantes recomendados y me decido por ir a Puerto Madero a pasear antes de la cena. Llego de noche, veraniega pero fresca, a esta zona de Buenos Aires recuperada recientemente con un resultado espectacular.

Puerto Madero y su puente Calatrava

En la orilla en la que termina el centro de la ciudad están los restaurantes y bares de copas más interesantes. Miro la carta de Cabaña Las Lilas y tras comprobar que los precios son exactamante el doble que los demás, me decido por El Mirasol del Puerto.

Bife y ensalada. Punto. Media botella de tinto argentino (malbec reserva) y flan con dulce de leche. Cena solitaria, me siento un poco triste por no poder compartir la cena y el espectáculo de Puerto Madero, iluminado con mucho arte. Por no faltar, tienen hasta un puente de Santiago Calatrava ( si quieres ser una ciudad que cuente hoy, pon un puente Calatrava ).

Puerto Madero de noche

El jueves cojo un taxi para ir a la oficina y cumpliendo el tópico, el taxista resulta ser un experto en macroeconomía, historia universal y en algunos momentos del trayecto psicoanalista. Me habla del Ser argentino, del expolio que los Kirchner han consumado en su país y del sentimiento de culpa de su nación. Me relata la masacre de los indios araucanos, y cómo los chilenos,  “Chile, siempre traidora con nosotros”, los utilizaron para arrebatarles la Patagonia. Me libero en mi diván, recostado en el asiento trasero del taxi, y me desahogo de mi sentimiento de culpa por la conquista de América. El hombre me cuenta que ellos, “mucho peor”, aniquilaron a los indios araucanos. Invitaban a cazadores norteamericanos a los que pagaban según el número de cabezas que traían de la Pampa. Cuando se dieron cuenta de que las indias se reproducían a velocidad superior a la del exterminio, comenzaron a pagar por cada pecho de mujer entregado. El desayuno del hotel (café, huevos revueltos, pavo ahumado, frutas y zumo) casi termina desparramado por el “diván”.

Cogí muchos taxis en Buenos Aires, la mayoría en remise del hotel, y cada uno me dió una clase exprés sobre Argentina, Buenos Aires o la condición humana; muy útil cuando vas a estar en una ciudad tres días. Uno me habla entusiasmado de “España invertebrada”, de ¡Unamuno! Prefiero no corregirle para no herir su orgullo albiceleste. El reverso de la moneda fue uno de origen indio, que nos recogió el jueves por la noche después de cenar, y estaba literalmente dormido sobre el volante; el hombre a lo mejor llevaba dos días sin dormir para ganar unos pesos extras.

El jueves ceno con Alejandra y con Bárbara (nuestra directora en Argentina) en la Trattoria La Parolaccia. Bárbara está embarazada, feliz en Buenos Aires, a pesar de las historias que nos cuenta: cuarenta asesinatos el último mes para robar, por ejemplo, un móvil. La verdad es que se ve la miseria por todas partes; familias enteras pidiendo limosna en un parque o en medio de las calles.

Casa en La Recoleta

Sin embargo es una ciudad monumental, con barrios como La Recoleta digno de París o Madrid, y calles tan atractivas como Corrientes, Florida, la Avenida de Mayo y su obelisco, o el barrio de Palermo.

La Chacra, en la Avenida de Córdoba

Visitas de última hora: Arandú, cinturones, Guido y sus mocasines y última comida en La Chacra el viernes, unas mollejas a la parrilla y un bife que me llevo de recuerdo a Madrid. Vuelo esta noche de vuelta a casa.

Buenas noches.

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Cuatro días en Santiago de Chile con Alejandra Sposto, la embajadora de Grupo Konecta en Latam. Uruguaya, vive en Sao Paulo y se desplaza entre Brasil, Colombia, Chile, México y Argentina como si se moviera en autobús (y hablamos de miles de kilómetros, no de escala europea).

El lunes Alejandra y yo cenamos en un ecuatoriano, “La mitad del mundo”.  Hablamos de todo un poco; de Konecta, por supuesto; de Brasil, la eterna promesa que deja de serlo, y de Lula al que ambos admiramos;  y de su país, Uruguay. Educada en el Liceo Francés de Montevideo, hablamos de cómo nos gusta la educación francesa, tan abierta al debate de ideas y a la crítica. Mis hijos estudian en el Liceo Francés y comentamos, por ejemplo, la huelga que hubo en su momento en protesta por la invasión de Irak.  O la importancia de la lectura y la presentación en público, prácticas que tanto se echan de menos  en el sistema español.

Cenamos de maravilla: camarones empanados en tempura, machas gratinadas con parmesano, ensalada de palmito y palta y por último, ceviche de pulpo y mero. Para beber, de nuevo Pisco Sour.

Santiago de Chile está creciendo hacia arriba, y no me refiero a los Andes, sino a los rascacielos en los que se están instalando las multinacionales españolas y de otros países. La oficina de Mapfre (Julio Domigo Souto, su Gerente General, nos recibe en la sala del consejo) no tendría nada que envidiar a las más lujosas de Manhattan. De hecho a esta zona de Santiago, Providencia, le llaman Sanhattan.

Una ciudad tranquila y silenciosa. Tal vez sugestionado por la brutal historia de la dictadura militar, me parece que andan todos con piés de plomo.

Salvador Allende, frente a la Casa de la Moneda

Los Andes

El vuelo de Lan Chile, Santiago-Buenos Aires, discurre sobre la cordillera andina con unas vistas increibles y continúa por el desierto atravesando Mendoza y Córdoba hasta llegar a la capital federal.

Hasta mañana.

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