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Archive for 30 noviembre 2009

17.501

Diecisiete mil quinientos y un días son los que han pasado desde que nací. Apetece inaugurar un blog cuando llevas diecisiete mil quinientos y un días viendo salir el sol para compartir las viscisitudes (qué demonios querrá decir viscisitudes, diría Juanjo Millás) que acaecen con cada amanecer.

Ahora son las diez y cuarto de la noche en Santiago de Chile y estoy más solo que la una en la habitación del hotel. Salí de Madrid ayer u hoy o antes de ayer; como un zombi he dejado la maleta en la habitación a las 11 de la mañana y me he recorrido de un plumazo la Plaza de Armas, la Casa de la Moneda, la calle Ahumada, el Mercado Central; he hecho fotos a la estatua de Allende y a una placa que recuerda la inauguración del museo más importante de la ciudad por Augusto Pinochet (qué canalla).

La agenda de reuniones es extenuante: Mapfre, Telefónica donde me encontraré con mi amigo Gonzalo Sada, que está en Chile liderando el cambio de marca hacia Movistar, Banco Bice (tipo Banif), Santander, Royal Sun Alliance, Corfo (organismo de fomento de Chile en el exterior).

Angustiado por el síndrome del viajero solitario, me he ido al Patio Bellavista a buscar un sitio donde comer algo, y no algo cualquiera. Para mí comer se ha convertido en una exigencia glotona y gourmet que me lleva a torturantes búsquedas por mi indecisión. Se trata de no fallar nunca en la elección. He entrado en cuatro restaurantes; me he levantado de uno, “Azul Profundo”, famoso por el pescado y el marisco, porque estaba demasiado oscuro. Me he acercado a un Sushi Bar cuyo sushi man era claramente inepto; le salían los makis como porros mal liados. “Como agua para chocolate” me ha ahuyentado porque ¡qué carajo hago comiendo en un restaurante mexicano en Santiago! Al final me pudo mi lado más conformista y me he sentado en “De tomo y lomo”, sin riesgos: carne y carne.

Terraza, mesita para uno, un cantante de tangos y, para empezar, un Pisco Sour. Me ha puesto en órbita, de golpe se me ha puesto el cuerpo en hora: ya no son las siete en Madrid, ahora son las dos y media en Santiago. Bien regado de angostura, el Pisco de raíces incas no ha llegado a la carne, así que pido otro. El Pisco quitaba el mal de altura y eso es lo que yo tenía tras trece horas de vuelo.

Asado de tira. Al fondo, mi amigo Pisco Sour.

Asado de tira, ensalada de palmitos y aguacate y un ceviche de camarones, machas y mero. Pido la cuenta: 16.000 pesos, o sea, 22 euros.

Una parada técnica en la librería Ulises para comprar el libro “Ensayos” de Natalia Ginzburg. Los dos libreros me confirman que lo que había leído en la crítica de Gustavo Martín Garzo era cierto. Me han hablado maravillas también de “Querido Miguel”.

Crítica que os recomiendo y que podéis leer aquí; los artículos de Martín Garzo son pequeñas obras maestras llenas de ternura.

Son las once menos diez de la noche en un hotel de Santiago. Mañana será mi día diecisiete mil quinientos dos (17.502) y seguro que será diferente. ¿O no?

Buenas noches.

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