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¡Viva Finlandia!

¿Por qué Finlandia es una de los primeros países del mundo en cualquier índice que mida la felicidad? El más seguro, estable y mejor gobernado. De los más ricos, más justos y progresistas. Y de los menos corruptos.

He aquí algunas respuestas en la nueva serie de artículos de The Guardian, The Upside, donde nos contarán sólo las buenas noticias. Al fin y al cabo el mundo no es un sitio tan malo para vivir, al menos en lugares como Finlandia. Ya está bien de contarnos sólo lo malo, aunque como aclaran lo seguirán haciendo en las secciones habituales del periódico.

En mis perfiles en redes sociales en otros tiempos me declaraba finlandés. No es algo nuevo, siempre sentí sana envidia por cómo se han organizado la vida por allí arriba. Y siempre hay una reacción pavloviana a mis palabras: que si se suicidan mucho y que son muy borrachos. No hay más que echar un vistazo a los índices en España y otros países OCDE para comprobar que son similares.

Olla hyvin onnellinen!!!*

*que seáis muy felices

Helsinki

Vista de la plaza del mercado Kauppatori, ubicada en el muelle de la ciudad vieja de Helsinki, la capital de Finlandia

https://www.theguardian.com/world/2018/feb/12/safe-happy-and-free-does-finland-have-all-the-answers

 

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Esa mirada

Esta foto me ha acompañado siempre como un rosario de espinas. Soy ciudadano occidental y viajo por el mundo como el que visita un zoo. Disparo con la cámara sin ningún respeto, como es notorio, y robo almas sin pedir permiso. Ahora que el gran gorila berrea eso de America first! mirémonos muy dentro y preguntémonos si lo de Me first! no es un pecado original. Un etnocentrismo altamente reprobable.

Río Chao Phraya. Bangkok

El sábado quedó claro: una torrencial lluvia, a hard rain, se lo llevó todo por delante. Los fracs, las condecoraciones, las altas costuras e imposturas. Todo. La canción protesta más rabiosa, la que denunciaba en un tono surrealista ya en 1962 todas las plagas que aún hoy siguen afligiendo a los hombres, interpretada ante un insólito auditorio por Patti Smith. Espectadores poderosos que representan lo que Dylan retrataba así en uno de los versos de la última estrofa de su canción: “And the executioner’s face is always well hidden”. Una canción que denunciaba la injusticia, el sufrimiento, la guerra, la contaminación, en un formato lírico de pregunta respuesta: Oh, Where have you been my blue eyed son, Oh, what did you see, my blue-eyed son, And what did you hear, my blue-eyed son?, Oh, what did you meet, my blue-eyed son?

Y esa espléndida estrofa final que comienza preguntando a su hijo de ojos azules: And what’ll you do now, my blue-eyed son? (Letra completa al final del post).

Preguntado en su momento por la relación entre la dura lluvia y la posible lluvia atómica por la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, que coincidió con el lanzamiento de la canción, respondió, ahí es nada, lo siguiente: “No, it’s not atomic rain, it’s just a hard rain. It isn’t the fallout rain. I mean some sort of end that’s just gotta happen … In the last verse, when I say, ‘the pellets of poison are flooding the waters,’ that means all the lies that people get told on their radios and in their newspapers.”

Patti Smith hizo el sábado pasado una interpretación estremecedora de A Hard Rain’s A-Gonna Fall en la ceremonia de entrega de los Premios Nobel. Asombroso cómo la artista lo llenaba todo con su voz madura y quebrada. Con aspecto tierno y frágil, con su pelo blanco sin teñir, y casi sin peinar; ella que fue la reina del punk en la ciudad del caos, del apocalipsis, de la furia, del NYC de los setenta. La que creó obras maravillosas y que inspiró a tantos y que tantos admiramos. Una mujer rompiéndose en directo, llorando, equivocándose con los poemas de su amigo Bob Dylan. Y no una vez, cuando se observa en el vídeo y se ve obligada a pedir disculpas; si se sigue con atención, en varias ocasiones. Ella, la reina del punk. Atorada, azorada, avergonzada, aterrada ante los monarcas suecos y su corte de la Fundación Nobel. Ella, la reina del punk, engullida como su amigo Bob por el establishment en su más rutilante versión.

Es un espectáculo irrepetible observar la impavidez con la que los asistentes a la entrega de premios escuchan algunas de las diatribas de Dylan contra el sistema, el sistema que todo lo devora y asimila. Las preguntas: “I’ve been out in front of a dozen dead oceans, I saw guns and sharp swords in the hands of young children, Heard one person starve, I heard many people laughin”. Y las respuestas: “Where the people are many and their hands are all empty… And the executioner’s face is always well hidden”. Muy duros versos en ese contexto.

Y él, el gran ausente, Robert Allen Zimmerman. El cantante folk más famoso del mundo, el que escribió los más bellos poemas para las más bellas canciones del siglo pasado. El autor glosado con admirable valentía por el académico de la Fundación Nobel, llamado Horace Engdahl. Que dio argumentos convincentes para los escépticos sobre el merecido reconocimiento a ese genio que es Bob Dylan. “Lírica viene de lira” nos recordó a todos.

Desde ayer he gozado con la interpretación de Patti Smith muchas veces. Una lágrima engorda hasta rebosar y caer por mi mejilla cada vez, un llanto por la humanidad entera. Porque A Hard Rain’s A-Gonna Fall…

A Hard Rain’s A-Gonna Fall (LP The Freewheelin’ Bob Dylan 1963)

Oh, where have you been, my blue-eyed son
And where have you been, my darling young one
I’ve stumbled on the side of twelve misty mountains
I’ve walked and I’ve crawled on six crooked highways
I’ve stepped in the middle of seven sad forests
I’ve been out in front of a dozen dead oceans
I’ve been ten thousand miles in the mouth of a graveyard
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, and it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

Oh, what did you see, my blue-eyed son
And what did you see, my darling young one
I saw a newborn baby with wild wolves all around it
I saw a highway of diamonds with nobody on it
I saw a black branch with blood that kept drippin’
I saw a room full of men with their hammers a-bleedin’
I saw a white ladder all covered with water
I saw ten thousand talkers whose tongues were all broken
I saw guns and sharp swords in the hands of young children
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

And what did you hear, my blue-eyed son?
And what did you hear, my darling young one?
I heard the sound of a thunder that roared out a warnin’
Heard the roar of a wave that could drown the whole world
Heard one hundred drummers whose hands were a-blazin’
Heard ten thousand whisperin’ and nobody listenin’
Heard one person starve, I heard many people laughin’
Heard the song of a poet who died in the gutter
Heard the sound of a clown who cried in the alley
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

Oh, what did you meet, my blue-eyed son?
Who did you meet, my darling young one?
I met a young child beside a dead pony
I met a white man who walked a black dog
I met a young woman whose body was burning
I met a young girl, she gave me a rainbow
I met one man who was wounded in love
I met another man who was wounded with hatred
And it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

And what’ll you do now, my blue-eyed son?
And what’ll you do now, my darling young one?
I’m a-goin’ back out ‘fore the rain starts a-fallin’
I’ll walk to the depths of the deepest black forest
Where the people are many and their hands are all empty
Where the pellets of poison are flooding their waters
Where the home in the valley meets the damp dirty prison
And the executioner’s face is always well hidden
Where hunger is ugly, where souls are forgotten
Where black is the color, where none is the number
And I’ll tell it and think it and speak it and breathe it
And reflect it from the mountain so all souls can see it
Then I’ll stand on the ocean until I start sinkin’
But I’ll know my song well before I start singin’
And it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall


Queridos lectores y sin embargo amigos, ya de vuelta en Madrid celebramos ayer una rentrée en toda regla. Preparé para ello un marmitako que me salió mejor que nunca. Un diez para este plato de marmita de arrantzales, cocina popular vasca, surgida de la más dura necesidad y de los muy escasos ingredientes que puedes encontrar en un barco pesquero.

Bonito del norte, producto de la faena diaria; cebolla y pimiento verde, de la huerta del caserío del Ama; pimientos choriceros como especia seca y fácil de almacenar; y patatas que son el comodín para cualquier proeza culinaria.

Yo tomo como base la receta de Juan Mari Arzak y sobre ella improviso e innovo, cual cocinero arrantzale encerrado en la cocina del buque. Así me gusta verme a mí mismo, mientras trasteo por la nevera y la despensa buscando los ingredientes.

En la tertulia de la sobremesa surgió un tema que no suele fallar en estas ocasiones en las que el buen comer y beber salpimentan las neuronas: ¿existen las Verdades Absolutas? He de decir que cuando varios contertulios son católicos o de otras creencias, dicho asunto es cuestión destinada a derrapar en la primera curva.

Mi postura es siempre la misma: sí hay verdades absolutas. Verdades sostenidas por la ciencia y por la razón. Verdades empíricas, demostrables e innegables. ¿Gira la tierra alrededor del sol? ¿Sucedió el Big Bang? ¿Es cierta la teoría de la evolución de Darwin?

Las otras verdades, las reveladas o las explicadas por la fe del carbonero, no son tales. Son creencias personales, respetables, pero en absoluto verdades. Para terminar este debate tan interesante como recurrente, siempre acudo a Aristóteles el sabio:

“Decir de lo que es que no es, o que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero”

El marmitako es una verdad cuando está en mi plato, pero solo una idea platónica mientras estoy en la cocina creándolo. Aquí os dejo la receta que dio lugar a un plato memorable, uno de los mejores marmitakos que he tomado nunca.

Ingredientes para 10 arrantzales:

1,5 kg. de bonito del norte, 2 kg. de patatas, 3 cebollas grandes, 2 pimientos verdes, 1 diente de ajo, 3 ñoras, media guindilla extra picante, vino blanco, aceite de oliva extra virgen y sal. Para la salsa vizcaína: un puerro, cinco pimientos choriceros, un diente de ajo, una copa de Tío Pepe y aceite de oliva extra virgen.

Ingredientes para un marmitako de verdad

Ingredientes para un marmitako de verdad

El sofrito: picar las cebollas, los pimientos verdes y el ajo y ponerlos a dorar en la cacerola. Sería perfecta una grande, tipo profesional de las que venden en Makro. Yo ayer añadí unas ñoras que me regalaron en Semana Santa en ZM en La Manga, según ellos las mejores de España, en una cena memorable con Javier González, José Márquez y Perico Lapique. Y también media guindilla seca extra picante. Las ñoras las saqué antes de añadir las patatas, la guindilla se quedó hasta el final.

Las patatas: cuando el sofrito está listo, o sea antes de dorarse, se añaden las patatas siempre cascadas. Nada de cortar, deben cascarse para que suelten bien el almidón y aporten ligazón al caldo.

Cúbranse las patatas con agua del grifo. Hay quien le añade caldo de pescado, yo aquí me atengo a lo que dice Arzak: el agua es importante y en este plato marinero, más. Y dice Juan Mari que el sabor lo ha de aportar el bonito. Yo sin embargo le añadí vino blanco, un buen chorro.

Las patatas deberían estar hechas en unos 20 minutos, pero nada como ir comprobando cómo están de punto. Con un puntito de entereza en el exterior, puré cremoso en el interior.

Las patatas con el sofrito y el agua, unos veinte minutos

Las patatas con el sofrito y el agua, unos veinte minutos

Mientras nos tomamos un zurito (fundamental por tratarse de arrantzales) de cerveza helada o una copa de tinto de la rioja alavesa, preparamos la salsa vizcaína. Fácil, rotunda, colorida y muy sabrosa.

La salsa vizcaína: en una sartén sofreímos un puerro y un diente de ajo en aceite de oliva. Lo del puerro es de mi cosecha, ya que Juan Mari habla de cebolla. ¡Creatividad en los pucheros! Antes habremos obtenido la carne de los pimientos choriceros que llevarán en remojo al menos media hora. Esto, lo reconozco, es un coñazo porque obtienes muy poca carne y es un trabajo laborioso.

La salsa vizcaína en marcha

La salsa vizcaína en marcha

Añadimos la carne de los pimientos y cuando está ligeramente sofrita, una copa de fino Tío Pepe. Aquí reconozco dos cosas: quería darle un toque de mi parte andaluza y además no tenia vino blanco.

La salsa vizcaína se pasa por el pasapuré y se añade a la cacerola con las patatas. En ese momento el guiso adquiere el color rojizo suave tan característico del marmitako. Algunos grandes cocineros vascos prefieren también añadirle tomate pero yo intento ser fiel al espíritu marinero indómito, un mundo en el que esa hortaliza no tiene lugar.

El bonito: llega el momento más importante, y la clave y éxito de este plato. De su perfecta ejecución dependerá que obtengamos una ovación en la mesa… o un ominoso silencio.

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Vuelta y vuelta al bonito en tacos

El bonito se dora en una sartén con el mínimo aceite para que no se pegue. Vuelta y vuelta, hasta que el color rosáceo de su carne se torne en un cálido blanco.

Y lo más importante: se añade el bonito a la cacerola con las patatas y la vizcaína y un minuto después se apaga el fuego. Con el calor restante el bonito debe terminar de cocinarse y quedar blanco y jugoso por dentro.

Ahora que es tiempo de bonito del norte, os animo a preparar uno con cariño y amor para vuestra familia y amigos.

Una verdad absoluta e inmutable es que la cocina y el amor son pura vida y fuente de regocijo y felicidad.

Buena vuelta al curso que empieza mañana.

¡Agur!

El autor con el marmitako recién terminado. A la mesa

El autor con el marmitako recién terminado. A la mesa

17.501

Diecisiete mil quinientos y un días son los que han pasado desde que nací. Apetece inaugurar un blog cuando llevas diecisiete mil quinientos y un días viendo salir el sol para compartir las viscisitudes (qué demonios querrá decir viscisitudes, diría Juanjo Millás) que acaecen con cada amanecer.

Ahora son las diez y cuarto de la noche en Santiago de Chile y estoy más solo que la una en la habitación del hotel. Salí de Madrid ayer u hoy o antes de ayer; como un zombi he dejado la maleta en la habitación a las 11 de la mañana y me he recorrido de un plumazo la Plaza de Armas, la Casa de la Moneda, la calle Ahumada, el Mercado Central; he hecho fotos a la estatua de Allende y a una placa que recuerda la inauguración del museo más importante de la ciudad por Augusto Pinochet (qué canalla).

La agenda de reuniones es extenuante: Mapfre, Telefónica donde me encontraré con mi amigo Gonzalo Sada, que está en Chile liderando el cambio de marca hacia Movistar, Banco Bice (tipo Banif), Santander, Royal Sun Alliance, Corfo (organismo de fomento de Chile en el exterior).

Angustiado por el síndrome del viajero solitario, me he ido al Patio Bellavista a buscar un sitio donde comer algo, y no algo cualquiera. Para mí comer se ha convertido en una exigencia glotona y gourmet que me lleva a torturantes búsquedas por mi indecisión. Se trata de no fallar nunca en la elección. He entrado en cuatro restaurantes; me he levantado de uno, “Azul Profundo”, famoso por el pescado y el marisco, porque estaba demasiado oscuro. Me he acercado a un Sushi Bar cuyo sushi man era claramente inepto; le salían los makis como porros mal liados. “Como agua para chocolate” me ha ahuyentado porque ¡qué carajo hago comiendo en un restaurante mexicano en Santiago! Al final me pudo mi lado más conformista y me he sentado en “De tomo y lomo”, sin riesgos: carne y carne.

Terraza, mesita para uno, un cantante de tangos y, para empezar, un Pisco Sour. Me ha puesto en órbita, de golpe se me ha puesto el cuerpo en hora: ya no son las siete en Madrid, ahora son las dos y media en Santiago. Bien regado de angostura, el Pisco de raíces incas no ha llegado a la carne, así que pido otro. El Pisco quitaba el mal de altura y eso es lo que yo tenía tras trece horas de vuelo.

Asado de tira. Al fondo, mi amigo Pisco Sour.

Asado de tira, ensalada de palmitos y aguacate y un ceviche de camarones, machas y mero. Pido la cuenta: 16.000 pesos, o sea, 22 euros.

Una parada técnica en la librería Ulises para comprar el libro “Ensayos” de Natalia Ginzburg. Los dos libreros me confirman que lo que había leído en la crítica de Gustavo Martín Garzo era cierto. Me han hablado maravillas también de “Querido Miguel”.

Crítica que os recomiendo y que podéis leer aquí; los artículos de Martín Garzo son pequeñas obras maestras llenas de ternura.

Son las once menos diez de la noche en un hotel de Santiago. Mañana será mi día diecisiete mil quinientos dos (17.502) y seguro que será diferente. ¿O no?

Buenas noches.

Recuerdo haber ido muy recién casado a la Casa del Libro a hacerme con un ejemplar del mítico libro “La cocina del mercado” de Paul Bocuse. Corrían tiempos duros en mi cocina, dejé atrás guisos caseros y el arte culinario de un hogar burgués en el que se comía muy bien.

Mi padre nos enseñó desde muy niños en frecuentes salidas familiares a santuarios gastronómicos, a amar la buena vida y por lo tanto la buena gastronomía. Mala cosa si te acostumbras además a las buenas artes de los que oficiaban en la cocina de casa.

El libro de Bocuse es heredero de la cocina tradicional francesa y sus recetas, aunque aligeradas por el genial cocinero, siguen siendo mastodónticas. Un consomé, un estofado, un asado o un plato de caza exigían una preparación previa de fondos, salsas y reducciones que podían llevar horas de preparación y decenas de ingredientes. Nada de sencillez ni de minimalismo, a pesar de ser el libro del fundador de la moderna gastronomía; esto último reconocido por todos los triestrellados del mundo.

Mi carrera como cocinero amateur empezó como no debía: por lo más difícil. En lugar de aprender con ese mágico libro de Simone Ortega “1001 recetas de cocina” me inicié con las obras canónicas que creaba Paul Bocuse en L’Auberge du Pont de Collonges.

La semana pasada falleció. Desde aquí quiero añadir mi agradecimiento, también el de mi familia y amigos, a Paul Bocuse por haber transmitido a este humilde cocinero su inmensa y sabrosa sabiduría.

-Papá, necesito leer algún libro de historia de España. Urgente.

Mi hijo Jaime me interpelaba así a principios de este verano, agobiado por la inflación informativa sobre el referendum, y por la cantidad de impactos diarios recibidos en forma de declaraciones de políticos y periodistas. Cada uno de ellos define España de manera diferente y propone soluciones antagónicas.

Quinientos cuarenta y ocho años después de la boda de los Reyes Católicos en Valladolid el 19 de octubre de 1469, y quinientos treinta y ocho años después de que Fernando heredara en 1479 la corona de Aragón, en la que estaba integrada entonces Catalunya, los españoles seguimos sufriendo las tensiones de territorios que quieren andar su propio camino en la historia.

Por aquello que decía Borges del jardín de los senderos que se bifurcan, descubrí el magnífico libro de Juan Pablo Fusi “Historia mínima de España”. A través de LinkedIn contactó conmigo Santiago Fernández de Caleya, antiguo amigo con el que compartí muy buenos momentos en los ochenta en Madrid. No sabía nada de él desde hace más de veinte años (¡Ay Serrat!) así que hice una búsqueda en Google.

Editorial Turner

Santiago Fernández de Caleya fue fundador de la productora Morena Films (la magnífica Celda 211 entre otras) y es propietario y director de la primorosa editorial Turner. En esta entrevista que le hizo el diario Expansión en enero, di con el libro de Fusi que he de decir me proporcionó grandes momentos de gozo intelectual este verano. Bellamente editado, es un repaso conciso a la historia de nuestro país desde la prehistoria hasta 2012, incluyendo lo que el autor ya denomina la post-Transición. Y con un aviso para navegantes en la genial frase que es la declaración de intenciones del autor en su prólogo:

“La historiografía de mi generación, nacida en torno a 1945, no tiene ya, probablemente, la elocuencia de los “grandes relatos” que en su día compusieron la historia de España; pero tampoco su inverosimilitud.”

Es decir, este libro revisa algunos mitos de nuestra historia con inteligencia y agudeza. Y lo dice alguien como yo que estudió en las mismas aulas del colegio del Pilar y con los mismos maestros que José María Aznar (con algunos años de diferencia), cuya arquitectura ideológica sobre España y su lugar en el mundo todos conocemos.

Jaime se ha leído el libro rápido, y lo ha disfrutado. Hay que tener en cuenta que mis dos hijos han estudiado en el Liceo Francés, de ahí sus lagunas en la asignatura Historia de España. Y yo lo recomiendo a todos aquellos que quieran saber, que necesiten refrescar de dónde venimos, y entender porqué somos así en este lugar geográfico e histórico.

Y ahora unas reflexiones tras los acontecimientos de la triste jornada de ayer.

Como ciudadano me preocupa la catástrofe que supondría perder de la noche a la mañana el 20% del PIB. Sin duda lo que quedara de España sufriría un crash bursátil y una penalización grave en la valoración de nuestra economía y de nuestra deuda, y afectaría al volumen de las inversiones extranjeras. Menos riqueza interior y por lo tanto menos fondos solidarios destinados a las zonas más desfavorecidas de España. Desde luego los fondos estructurales europeos tendrían que revisar al alza su contribución a fomentar el sostenimiento y desarrollo de lo que quede de nuestro país.

Y como español me produciría una inmensa tristeza perder a Catalunya porque España no se entendería sin ella. Habrá que revisar, en ambos lugares, aquí y allá, cómo se ha llegado a esta situación sin salida aparente. Qué actitudes hacia los catalanes han creado la falta de afecto hacia España, hacia nuestra historia y hacia nuestros símbolos.

Como creo profundamente en la íntima relación entre economía e historia, lo que Carlos Marx definió como materialismo histórico, tengo serias dudas sobre la posibilidad de que el poder del Estado español y de los grandes grupos económicos toleren semejante cataclismo. Creo más bien que esas fuerzas económicas pondrán en el disparadero al Gobierno y a su presidente y les forzarán a encontrar una solución negociada que siempre incluirá, estoy seguro de ello, la celebración de un referéndum pactado en una fecha no muy lejana. Y como apuntan todos los expertos, la reforma de la Constitución hacia un Estado federal será inevitable. Si aún estamos a tiempo.

Europa también tendrá mucho que decir si esto se nos va de las manos, de las manos de nuestro Gobierno. Si la situación se enrarece hasta un punto cercano a la violencia, algo que ya anuncia más de un analista, la UE tomará cartas en el asunto. Sospecho que Merkel y sus adláteres llamarán a capítulo a Rajoy y le forzarán a una negociación con fecha de acuerdo con los independentistas. Europa no va a tolerar un conflicto grave en la cuarta economía de la zona euro.

Tras el 1-O la continuidad de la unidad de España va a quedar tocada. El Gobierno de la Generalitat verá suspendidas sus funciones o verá a sus miembros imputados con penas gravísimas que les impedirán ejercer sus funciones. El Gobierno español con Rajoy al frente quedará seriamente debilitado, una vez se compruebe fehacientemente el fracaso de la gestión del Catalexit desde el año 2011.

Una posible consecuencia del 1-O: la formación de una coalición con el objetivo de proponer una alternativa diferente e imaginativa, con proyección en el tiempo y con vocación de dar una respuesta a las inquietudes de todos los catalanes (y también a las de los ciudadanos de otras nacionalidades españolas). Esa coalición la liderarían PSOE, PNV y Podemos, con un acuerdo transversal con el resto de partidos políticos españoles. La moción de censura está servida, esta vez con suficientes votos. Próximo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Atentos.

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Ayer en Donosti

Ayer hemos tenido el privilegio de presentar el piloto de pago con tarjeta contactless en el Ayuntamiento de Donosti. Santander junto a DBUS, la empresa pública de transporte de la ciudad, ha presentado con el alcalde Eneko Goia un proyecto que pone a Donosti en el ​mapa de las ciudades pioneras en ese campo.

Incluso hice mis pinitos en euskera, lo que agradecieron el alcalde y su equipo efusivamente.

En el vídeo de izquierda a derecha: Javier Vallejo director adjunto de DBUS; el que suscribe; el alcalde de Donosti Eneko Goia; Igor González director de DBUS; y Pilar Arana, concejala de Movilidad. Es la segunda capital del Estado que acomete un proyecto similar, tras el que pusimos en marcha recientemente en Madrid la EMT, MasterCard y banco Santander.


A partir de ahora los ciudadanos de Donosti podrán pagar con tarjetas de crédito y débito el billete sencillo. Los turistas que visitan la ciudad podrán pagar sin tener que sufrir engorrosos cambios de divisas y monedas.

Agur

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Las lecturas veraniegas deberían ser por definición popular, ligeras y amenas. Complemento perfecto de los paseos con la fresca, allá donde sea posible en esta península tan castigada por el sol, o de las tardes en la playa. Literatura sin más compromiso que el de rellenar unos momentos de asueto y no provocar conflictos dialécticos, que para eso tenemos el resto del año.

He devorado las más de seiscientas páginas de Patria, el afortunado regalo de cumpleaños de mi cuñada Elena, en dos semanas. Por cuestiones generacionales y personales me tocó vivir el terrorismo de ETA y el conflicto en Euskadi muy de cerca, y desgraciadamente, me tocó conocer a varios familiares de víctimas de la banda terrorista, ellos mismos víctimas a su vez.

El libro muestra sin adornos y al grano cómo se vivió en Euskadi esos cuarenta años en los que la sociedad vasca se fracturó en dos. En una estructura muy cinematográfica (habrá película si el autor lo quiere porque la novela es ya un guión) con imágenes precisas y preciosas sobre todo de Guipúzcoa y de su capital, Donosti, los personajes van entrando en acción como en una de esas películas maravillosas de Robert Altman, Short Cuts, o de Paul Haggis, Crash. 


Dos familias, cada una infeliz a su manera parafraseando a Tolstói, encarnan las dos caras de esa desgraciada odisea. Demasiado larga, demasiado dolorosa, demasiado cruel. Una de las familias a la que pertenece un miembro de ETA, la otra en la que uno de sus miembros es víctima de un atentado etarra. Y no cuento más.

No hay mucha política, hay mucha presentación y narración de los hechos a través de los personajes que relatan su participación en ese infierno, a veces en primera persona, otras en tercera, por el narrador-autor, que incluso aparece en uno de los capítulos del libro como escritor que quiere dar testimonio del horror. El mismo horror que describía mesándose la calva el coronel Kurtz-Marlon Brando en aquella película. 

Las vidas de cada uno de los personajes van creando una trama de relaciones sentimentales que enriquece la obra. El autor te lleva a su antojo por sus vidas personales consiguiendo que tengan autenticidad; la suficiente como para encariñar al lector con todos ellos al llegar a las últimas páginas. 

Y hay malos y buenos, y muy malos como Joxe Mari, miembro de ETA. Un personaje muy en la línea del Pasha Antipov (Strelnikov) de Doctor Zhivago, un aniquilador. Tan solo un matiz: el autor traza la vida y personalidades de la familia del etarra de manera un tanto maniquea. En el resto de la obra, la verosimilitud es marca de la casa. 

Los capítulos, breves, son cada uno un relato en sí mismo, se suceden vertiginosamente dejándote sin aliento. No puedes parar, es como un vídeo juego apasionante que te obliga a continuar con  una nueva pantalla hasta el amanecer. Y tiene la novela una estructura parecida a la de Rayuela, pero sin el caos fantástico que creó Cortázar en su obra maestra.

He de decir que hacía mucho, mucho tiempo que no me entregaba con tanto gusto al placer de la lectura. He tenido incluso que contener las lágrimas en el último capítulo, algo que confieso sin pudor para mostrar hasta qué punto Fernando Aramburu conmueve y remueve el alma. 

Por último, añadir que la política está, sí, al fondo, como presente tras un velo de nubes grises, frías y pesadas. Pero son las vivencias de los personajes los que narran la obra dramática que allí se representó en aquellos años de plomo. Los viví, repito, y desde Madrid sufrí también la anestesia que produjo la sucesión de atentados casi semanales en los infaustos primeros ochenta. Pasaron a ser parte de nuestra vida, y en este libro abres los ojos y descubres con espanto cómo se vivió allí.

Y el final, ese final. 

Agur,

Antonio Babío 

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Las vacaciones empiezan y es un tiempo ideal para las reflexión. Vivimos días convulsos, de disrupción, de novedades tecnológicas y de cambios en la regulación, causados por esas innovaciones que no cesan.

Estas vacaciones en nuestro retiro en Cantabria estamos tirando abajo el interior de la vieja cabaña, porque la edificación sigue tal como la diseñó el arquitecto original. Pero por dentro hemos entrado con la motosierra y no ha quedado ni rastro de la anterior distribución. Hemos comprado en ikea.com (por cierto, uno de nuestros mejores y más queridos clientes, queridos Céline y Bruno) lo necesario para que la vieja cabaña tenga todo lo que necesita un ciudadano del siglo XXI. En la vieja casa Europa la PSD2 va a revolucionar la vetusta estructura del sector de los medios de pago para dotarla de nuevos lustre y esplendor. Los nuevos PSP y AISP, los TPP, nos van a obligar a los adquirentes a adecentar la casa, a aliarnos o a conformarnos con una porción menor del negocio.

Los clientes mandan, y nuestros clientes son los merchant, grandes y pequeños, y a su vez sus clientes: o sea los ciudadanos. Y la PSD2 busca, como cualquier iniciativa política regulatoria, mejorar la vida de todos los ciudadanos europeos. Mejorando los servicios de pago, haciéndolos más accesibles, más seguros, más justos, más económicos, en un entorno de igualdad de condiciones para todos los participantes y competidores.

Y en fin, para facilitar el camino hacia una experiencia de pago cuya mayor virtud hemos descubierto que será la invisibilidad. La mejor experiencia de pago es la que no existe. Y como muestra, ese vídeo viral que os invito a disfrutar sobre la tienda piloto de Amazon Go. No, ese cliente no se va sin pagar.

Termino con una reflexión del aristócrata italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa, príncipe de Lampedusa y duque de Palma di Montechiaro, inolvidable por ser autor de esa obra maestra llamada “El Gatopardo” y de la frase que dio lugar al lampedusismo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie” (en italiano: “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”).

Que disfrutéis todos de unas desocupadas y despreocupadas vacaciones 2017.

Antonio Babío

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Rompiendo reglas

Nunca he hablado de mi trabajo en este blog, así que voy a romper una regla. Patrocinio y ponencias de Santander en Secure Payments & ID Congress 2017. Ha sido un evento lleno de contenidos interesantes en un sector en permanente efervescencia.

Por mi parte presenté el proyecto pionero en España de pago contactless en los autobuses de la EMT de Madrid. Un proyecto cuyo éxito se debe a haber contado con los equipos de profesionales de tres partners de lujo: EMT, MasterCard y Santander.

No hay mayor satisfacción que ver un PowerPoint convertido en realidad y subido en más de cincuenta autobuses de la EMT de Madrid.