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¡Tengo una vida curiosa, señores! Como a Gloria Fuertes me pasan cosas, sí. Buenas, muy buenas. Y malas, malísimas. Y gozo con el amor y con la amistad, como Falstaff; mas sufro con la mentira, con la traición y con la doblez. Como Hamlet.

Pasan cosas, sí, he descubierto esta preciosa pieza de Gloria Fuertes que podéis leer al final. La poesía provoca en cada lector sensaciones diferentes, y a mí esta maravilla me ha trastocado. La oí en la radio, me quedé con un verso y lo escribí en Google. Lo gugleé como dicen los anglosajones, y me pasmé.

Celebramos en 2017 el centenario de esta poetisa genial, ligada a la generación del Postismo, muy conocida por su participación en “Un globo, dos globos, tres globos”. ¡Hay que joderse!

Era una de las grandes autoras españolas del siglo XX, a la altura de Gabriela Mistral. Gloria Fuertes decía cosas sobre la poesía tan bellas como que “antes de contar las sílabas, los poetas tienen que contar lo que pasa”.

Nunca fue reconocida en este país ingrato y antipático. Y es que lo tenía todo en contra: era mujer, lesbiana y pobre.

Este verso de Gloria Fuertes, señores, me ha atravesado el pecho como la espada envenenada de Laertes. ¡Son cosas que pasan y hay que decirlo!

¡Hago versos, señores!

Hago versos señores, hago versos,
pero no me gusta que me llamen poetisa,
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.
Este mundo resulta divertido,
pasan cosas señores que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.
Sigue habiendo solteras con su perro,
sigue habiendo casados con querida
a los déspotas duros nadie les dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,


y nos pisan el cuello y nadie se levanta,
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!
Esto pasa señores y yo debo decirlo.

Todo asusta, 1954. Gloria Fuertes

Google en el Mobile World Congress 2017. Foto AB

Esa mirada

Esta foto me ha acompañado siempre como un rosario de espinas. Soy ciudadano occidental y viajo por el mundo como el que visita un zoo. Disparo con la cámara sin ningún respeto, como es notorio, y robo almas sin pedir permiso. Ahora que el gran gorila berrea eso de America first! mirémonos muy dentro y preguntémonos si lo de Me first! no es un pecado original. Un etnocentrismo altamente reprobable.

Río Chao Phraya. Bangkok

El sábado quedó claro: una torrencial lluvia, a hard rain, se lo llevó todo por delante. Los fracs, las condecoraciones, las altas costuras e imposturas. Todo. La canción protesta más rabiosa, la que denunciaba en un tono surrealista ya en 1962 todas las plagas que aún hoy siguen afligiendo a los hombres, interpretada ante un insólito auditorio por Patti Smith. Espectadores poderosos que representan lo que Dylan retrataba así en uno de los versos de la última estrofa de su canción: “And the executioner’s face is always well hidden”. Una canción que denunciaba la injusticia, el sufrimiento, la guerra, la contaminación, en un formato lírico de pregunta respuesta: Oh, Where have you been my blue eyed son, Oh, what did you see, my blue-eyed son, And what did you hear, my blue-eyed son?, Oh, what did you meet, my blue-eyed son?

Y esa espléndida estrofa final que comienza preguntando a su hijo de ojos azules: And what’ll you do now, my blue-eyed son? (Letra completa al final del post).

Preguntado en su momento por la relación entre la dura lluvia y la posible lluvia atómica por la crisis de los misiles soviéticos en Cuba, que coincidió con el lanzamiento de la canción, respondió, ahí es nada, lo siguiente: “No, it’s not atomic rain, it’s just a hard rain. It isn’t the fallout rain. I mean some sort of end that’s just gotta happen … In the last verse, when I say, ‘the pellets of poison are flooding the waters,’ that means all the lies that people get told on their radios and in their newspapers.”

Patti Smith hizo el sábado pasado una interpretación estremecedora de A Hard Rain’s A-Gonna Fall en la ceremonia de entrega de los Premios Nobel. Asombroso cómo la artista lo llenaba todo con su voz madura y quebrada. Con aspecto tierno y frágil, con su pelo blanco sin teñir, y casi sin peinar; ella que fue la reina del punk en la ciudad del caos, del apocalipsis, de la furia, del NYC de los setenta. La que creó obras maravillosas y que inspiró a tantos y que tantos admiramos. Una mujer rompiéndose en directo, llorando, equivocándose con los poemas de su amigo Bob Dylan. Y no una vez, cuando se observa en el vídeo y se ve obligada a pedir disculpas; si se sigue con atención, en varias ocasiones. Ella, la reina del punk. Atorada, azorada, avergonzada, aterrada ante los monarcas suecos y su corte de la Fundación Nobel. Ella, la reina del punk, engullida como su amigo Bob por el establishment en su más rutilante versión.

Es un espectáculo irrepetible observar la impavidez con la que los asistentes a la entrega de premios escuchan algunas de las diatribas de Dylan contra el sistema, el sistema que todo lo devora y asimila. Las preguntas: “I’ve been out in front of a dozen dead oceans, I saw guns and sharp swords in the hands of young children, Heard one person starve, I heard many people laughin”. Y las respuestas: “Where the people are many and their hands are all empty… And the executioner’s face is always well hidden”. Muy duros versos en ese contexto.

Y él, el gran ausente, Robert Allen Zimmerman. El cantante folk más famoso del mundo, el que escribió los más bellos poemas para las más bellas canciones del siglo pasado. El autor glosado con admirable valentía por el académico de la Fundación Nobel, llamado Horace Engdahl. Que dio argumentos convincentes para los escépticos sobre el merecido reconocimiento a ese genio que es Bob Dylan. “Lírica viene de lira” nos recordó a todos.

Desde ayer he gozado con la interpretación de Patti Smith muchas veces. Una lágrima engorda hasta rebosar y caer por mi mejilla cada vez, un llanto por la humanidad entera. Porque A Hard Rain’s A-Gonna Fall…

A Hard Rain’s A-Gonna Fall (LP The Freewheelin’ Bob Dylan 1963)

Oh, where have you been, my blue-eyed son
And where have you been, my darling young one
I’ve stumbled on the side of twelve misty mountains
I’ve walked and I’ve crawled on six crooked highways
I’ve stepped in the middle of seven sad forests
I’ve been out in front of a dozen dead oceans
I’ve been ten thousand miles in the mouth of a graveyard
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, and it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

Oh, what did you see, my blue-eyed son
And what did you see, my darling young one
I saw a newborn baby with wild wolves all around it
I saw a highway of diamonds with nobody on it
I saw a black branch with blood that kept drippin’
I saw a room full of men with their hammers a-bleedin’
I saw a white ladder all covered with water
I saw ten thousand talkers whose tongues were all broken
I saw guns and sharp swords in the hands of young children
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

And what did you hear, my blue-eyed son?
And what did you hear, my darling young one?
I heard the sound of a thunder that roared out a warnin’
Heard the roar of a wave that could drown the whole world
Heard one hundred drummers whose hands were a-blazin’
Heard ten thousand whisperin’ and nobody listenin’
Heard one person starve, I heard many people laughin’
Heard the song of a poet who died in the gutter
Heard the sound of a clown who cried in the alley
And it’s a hard, and it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

Oh, what did you meet, my blue-eyed son?
Who did you meet, my darling young one?
I met a young child beside a dead pony
I met a white man who walked a black dog
I met a young woman whose body was burning
I met a young girl, she gave me a rainbow
I met one man who was wounded in love
I met another man who was wounded with hatred
And it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall

And what’ll you do now, my blue-eyed son?
And what’ll you do now, my darling young one?
I’m a-goin’ back out ‘fore the rain starts a-fallin’
I’ll walk to the depths of the deepest black forest
Where the people are many and their hands are all empty
Where the pellets of poison are flooding their waters
Where the home in the valley meets the damp dirty prison
And the executioner’s face is always well hidden
Where hunger is ugly, where souls are forgotten
Where black is the color, where none is the number
And I’ll tell it and think it and speak it and breathe it
And reflect it from the mountain so all souls can see it
Then I’ll stand on the ocean until I start sinkin’
But I’ll know my song well before I start singin’
And it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard, it’s a hard
It’s a hard rain’s a-gonna fall


Queridos lectores y sin embargo amigos, ya de vuelta en Madrid celebramos ayer una rentrée en toda regla. Preparé para ello un marmitako que me salió mejor que nunca. Un diez para este plato de marmita de arrantzales, cocina popular vasca, surgida de la más dura necesidad y de los muy escasos ingredientes que puedes encontrar en un barco pesquero.

Bonito del norte, producto de la faena diaria; cebolla y pimiento verde, de la huerta del caserío del Ama; pimientos choriceros como especia seca y fácil de almacenar; y patatas que son el comodín para cualquier proeza culinaria.

Yo tomo como base la receta de Juan Mari Arzak y sobre ella improviso e innovo, cual cocinero arrantzale encerrado en la cocina del buque. Así me gusta verme a mí mismo, mientras trasteo por la nevera y la despensa buscando los ingredientes.

En la tertulia de la sobremesa surgió un tema que no suele fallar en estas ocasiones en las que el buen comer y beber salpimentan las neuronas: ¿existen las Verdades Absolutas? He de decir que cuando varios contertulios son católicos o de otras creencias, dicho asunto es cuestión destinada a derrapar en la primera curva.

Mi postura es siempre la misma: sí hay verdades absolutas. Verdades sostenidas por la ciencia y por la razón. Verdades empíricas, demostrables e innegables. ¿Gira la tierra alrededor del sol? ¿Sucedió el Big Bang? ¿Es cierta la teoría de la evolución de Darwin?

Las otras verdades, las reveladas o las explicadas por la fe del carbonero, no son tales. Son creencias personales, respetables, pero en absoluto verdades. Para terminar este debate tan interesante como recurrente, siempre acudo a Aristóteles el sabio:

“Decir de lo que es que no es, o que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero”

El marmitako es una verdad cuando está en mi plato, pero solo una idea platónica mientras estoy en la cocina creándolo. Aquí os dejo la receta que dio lugar a un plato memorable, uno de los mejores marmitakos que he tomado nunca.

Ingredientes para 10 arrantzales:

1,5 kg. de bonito del norte, 2 kg. de patatas, 3 cebollas grandes, 2 pimientos verdes, 1 diente de ajo, 3 ñoras, media guindilla extra picante, vino blanco, aceite de oliva extra virgen y sal. Para la salsa vizcaína: un puerro, cinco pimientos choriceros, un diente de ajo, una copa de Tío Pepe y aceite de oliva extra virgen.

Ingredientes para un marmitako de verdad

Ingredientes para un marmitako de verdad

El sofrito: picar las cebollas, los pimientos verdes y el ajo y ponerlos a dorar en la cacerola. Sería perfecta una grande, tipo profesional de las que venden en Makro. Yo ayer añadí unas ñoras que me regalaron en Semana Santa en ZM en La Manga, según ellos las mejores de España, en una cena memorable con Javier González, José Márquez y Perico Lapique. Y también media guindilla seca extra picante. Las ñoras las saqué antes de añadir las patatas, la guindilla se quedó hasta el final.

Las patatas: cuando el sofrito está listo, o sea antes de dorarse, se añaden las patatas siempre cascadas. Nada de cortar, deben cascarse para que suelten bien el almidón y aporten ligazón al caldo.

Cúbranse las patatas con agua del grifo. Hay quien le añade caldo de pescado, yo aquí me atengo a lo que dice Arzak: el agua es importante y en este plato marinero, más. Y dice Juan Mari que el sabor lo ha de aportar el bonito. Yo sin embargo le añadí vino blanco, un buen chorro.

Las patatas deberían estar hechas en unos 20 minutos, pero nada como ir comprobando cómo están de punto. Con un puntito de entereza en el exterior, puré cremoso en el interior.

Las patatas con el sofrito y el agua, unos veinte minutos

Las patatas con el sofrito y el agua, unos veinte minutos

Mientras nos tomamos un zurito (fundamental por tratarse de arrantzales) de cerveza helada o una copa de tinto de la rioja alavesa, preparamos la salsa vizcaína. Fácil, rotunda, colorida y muy sabrosa.

La salsa vizcaína: en una sartén sofreímos un puerro y un diente de ajo en aceite de oliva. Lo del puerro es de mi cosecha, ya que Juan Mari habla de cebolla. ¡Creatividad en los pucheros! Antes habremos obtenido la carne de los pimientos choriceros que llevarán en remojo al menos media hora. Esto, lo reconozco, es un coñazo porque obtienes muy poca carne y es un trabajo laborioso.

La salsa vizcaína en marcha

La salsa vizcaína en marcha

Añadimos la carne de los pimientos y cuando está ligeramente sofrita, una copa de fino Tío Pepe. Aquí reconozco dos cosas: quería darle un toque de mi parte andaluza y además no tenia vino blanco.

La salsa vizcaína se pasa por el pasapuré y se añade a la cacerola con las patatas. En ese momento el guiso adquiere el color rojizo suave tan característico del marmitako. Algunos grandes cocineros vascos prefieren también añadirle tomate pero yo intento ser fiel al espíritu marinero indómito, un mundo en el que esa hortaliza no tiene lugar.

El bonito: llega el momento más importante, y la clave y éxito de este plato. De su perfecta ejecución dependerá que obtengamos una ovación en la mesa… o un ominoso silencio.

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Vuelta y vuelta al bonito en tacos

El bonito se dora en una sartén con el mínimo aceite para que no se pegue. Vuelta y vuelta, hasta que el color rosáceo de su carne se torne en un cálido blanco.

Y lo más importante: se añade el bonito a la cacerola con las patatas y la vizcaína y un minuto después se apaga el fuego. Con el calor restante el bonito debe terminar de cocinarse y quedar blanco y jugoso por dentro.

Ahora que es tiempo de bonito del norte, os animo a preparar uno con cariño y amor para vuestra familia y amigos.

Una verdad absoluta e inmutable es que la cocina y el amor son pura vida y fuente de regocijo y felicidad.

Buena vuelta al curso que empieza mañana.

¡Agur!

El autor con el marmitako recién terminado. A la mesa

El autor con el marmitako recién terminado. A la mesa

17.501

Diecisiete mil quinientos y un días son los que han pasado desde que nací. Apetece inaugurar un blog cuando llevas diecisiete mil quinientos y un días viendo salir el sol para compartir las viscisitudes (qué demonios querrá decir viscisitudes, diría Juanjo Millás) que acaecen con cada amanecer.

Ahora son las diez y cuarto de la noche en Santiago de Chile y estoy más solo que la una en la habitación del hotel. Salí de Madrid ayer u hoy o antes de ayer; como un zombi he dejado la maleta en la habitación a las 11 de la mañana y me he recorrido de un plumazo la Plaza de Armas, la Casa de la Moneda, la calle Ahumada, el Mercado Central; he hecho fotos a la estatua de Allende y a una placa que recuerda la inauguración del museo más importante de la ciudad por Augusto Pinochet (qué canalla).

La agenda de reuniones es extenuante: Mapfre, Telefónica donde me encontraré con mi amigo Gonzalo Sada, que está en Chile liderando el cambio de marca hacia Movistar, Banco Bice (tipo Banif), Santander, Royal Sun Alliance, Corfo (organismo de fomento de Chile en el exterior).

Angustiado por el síndrome del viajero solitario, me he ido al Patio Bellavista a buscar un sitio donde comer algo, y no algo cualquiera. Para mí comer se ha convertido en una exigencia glotona y gourmet que me lleva a torturantes búsquedas por mi indecisión. Se trata de no fallar nunca en la elección. He entrado en cuatro restaurantes; me he levantado de uno, “Azul Profundo”, famoso por el pescado y el marisco, porque estaba demasiado oscuro. Me he acercado a un Sushi Bar cuyo sushi man era claramente inepto; le salían los makis como porros mal liados. “Como agua para chocolate” me ha ahuyentado porque ¡qué carajo hago comiendo en un restaurante mexicano en Santiago! Al final me pudo mi lado más conformista y me he sentado en “De tomo y lomo”, sin riesgos: carne y carne.

Terraza, mesita para uno, un cantante de tangos y, para empezar, un Pisco Sour. Me ha puesto en órbita, de golpe se me ha puesto el cuerpo en hora: ya no son las siete en Madrid, ahora son las dos y media en Santiago. Bien regado de angostura, el Pisco de raíces incas no ha llegado a la carne, así que pido otro. El Pisco quitaba el mal de altura y eso es lo que yo tenía tras trece horas de vuelo.

Asado de tira. Al fondo, mi amigo Pisco Sour.

Asado de tira, ensalada de palmitos y aguacate y un ceviche de camarones, machas y mero. Pido la cuenta: 16.000 pesos, o sea, 22 euros.

Una parada técnica en la librería Ulises para comprar el libro “Ensayos” de Natalia Ginzburg. Los dos libreros me confirman que lo que había leído en la crítica de Gustavo Martín Garzo era cierto. Me han hablado maravillas también de “Querido Miguel”.

Crítica que os recomiendo y que podéis leer aquí; los artículos de Martín Garzo son pequeñas obras maestras llenas de ternura.

Son las once menos diez de la noche en un hotel de Santiago. Mañana será mi día diecisiete mil quinientos dos (17.502) y seguro que será diferente. ¿O no?

Buenas noches.

Rompiendo reglas

Nunca he hablado de mi trabajo en este blog, así que voy a romper una regla. Patrocinio y ponencias de Santander en Secure Payments & ID Congress 2017. Ha sido un evento lleno de contenidos interesantes en un sector en permanente efervescencia.

Por mi parte presenté el proyecto pionero en España de pago contactless en los autobuses de la EMT de Madrid. Un proyecto cuyo éxito se debe a haber contado con los equipos de profesionales de tres partners de lujo: EMT, MasterCard y Santander.

No hay mayor satisfacción que ver un PowerPoint convertido en realidad y subido en más de cincuenta autobuses de la EMT de Madrid.

 

Stay

¿Quién no se enamoró en los mighty eighties con esta canción? Please, please, please say you will, quédate conmigo un rato más, y bailabas soñando con otro beso.

Jackson Browne y David Linley nos regalaron esta versión en La 2, para unos pocos, con ese falsete de David que oímos mil veces enamorados. Enormes músicos que ya no sé si son tan buenos porque soy tan viejo, si no será puta nostalgia.

The Black Knight

Gary Player, ganador del Grand Slam y de 9 majors, o The Black Knight (le llamaban así porque jugaba siempre de negro) es un tipo simpático, y resolutivo como empresario. Y uno de los más grandes jugadores de la historia del golf.

En las fotos estamos en Sevilla en las obras del campo de golf El Zaudín, en la maravillosa finca que era propiedad de los Ruiz-Giménez, en el Aljarafe. Yo trabajaba en la agencia de publicidad de El Zaudín, Backer, Spielvogel & Bates, y aluciné con las instrucciones que iba dando a los técnicos de Gary Player Design: “Aquí quiero unos naranjos alrededor del green, quiero su perfume al patear. En esta calle quiero esos olivos más a la derecha para complicar el segundo golpe. Y ese obstáculo de agua más largo.” Por todo el campo límites y caminos de albero, nada hay más sevillano.

Llegó de Johannesburg por la mañana, hizo la visita de obra, comimos y por la tarde voló a otro continente a supervisar un nuevo campo. Player tenía 57 años, yo 31.

Supervisando el campo de golf de El Zaudín

 

Para la posteridad, era 1992

Memorable artículo de David Trueba en El País de hoy. “Oda” a los lectores de diarios en papel, especie en extinción por razones fisiológicas: nos vamos muriendo. Un placer intelectual y sensorial unido al concepto mismo de ser humano.
http://elpais.com/elpais/2016/03/24/opinion/1458834103_986123.html